(Ljubljana-Slovenija)

Lo que más me fascina de los viajes es la improvisación, siempre la espero y, al final, sucede. Esta vez, ocurre tras la visita a la Cueva de POSTOJNA. La guía nos propone, dada la cercanía, visitar la capital de Eslovenia, Ljubljana.A cambio, hemos de guardar esta secreta escapada ya que no figura en el programa. La respuesta del grupo a tal propuesta es un Sí rotundo.

Ante la inesperada sorpresa, llego a esta ciudad totalmente desinformada, no me había documentado, como es mi costumbre, Tan sólo poseo un pequeño mapa de la ciudad con una escueta información, que la guía nos entrega, y tres horas y media para cumplir el objetivo. La mayor dificultad que encuentro es el idioma esloveno, de raíz eslava. He intentado pronunciar algunas palabras, pero ha resultado en vano, son muchas consonantes juntas y al leerlas sólo emito un sonido gutural, apenas comprensible. Intentaré comunicarme con mis escasos conocimientos de inglés.

Como norma básica cada vez que viajo en circuito, me desligo del grupo y comienzo mi particular “gymkhana” Atrás, dejo a una veintena de personas indecisas: intentan ponerse de acuerdo para ir a alguna parte. Tras una breve, pero minuciosa, ojeada al mapa compruebo que la ciudad antigua es pequeña, pero su historia es extensa y muy interesante. Observo a mí alrededor, la calle que está al otro lado de la acera va hacia el casco antiguo. Decido ir por este camino.

Lo que resalta en el horizonte, tras la ciudad, en lo alto de la colina de Grad dominando el entorno, es el perfil desafiante y majestuoso del Castillo de  Liubliana, reconstruido en el siglo XVI sobre el original que se remonta al siglo IX. Su forma es pentagonal y la torre principal es llamada del Beldevere. Fue utilizado como prisión en el siglo XIX El trazado del centro histórico está ubicado entre el río Ljubljanica y la falda de la montaña.

Por suerte, encuentro un Punto de Información Turística, y a la vuelta de la esquina, una pequeña librería donde adquiero un libro, en español, que trata sobre la ciudad y sus monumentos. Ya tengo las “armas” que necesitaba. Antes que nada, deseo saciar mi curiosidad sobre el por qué está custodiada por un dragón. Recuerdo la frase.”No se descubre si no lo que se ha imaginado” (Gaston Bachelard)

La leyenda que existe cuenta: “Las aventuras de Jason y sus argonautas (héroes de la mitología griega) que, huyendo del rey Aites por haberle robado un vellocinio de oro se dirigieron al Norte por el Mar Negro, remontaron el Danubio, el Sava hasta llegar al río Ljubljanica. En el nacimiento de este río encontraron un gran lago rodeado de una marisma. Aquí Jason tuvo que enfrentarse a un terrible dragón que vivía en aquel lugar; después de una dura lucha, le venció. Este sería el Dragón de Liubliana, símbolo de la ciudad que aparece en el escudo de armas y en la bandera nacional.

También es curioso el origen del nombre de la ciudad ya que existen varias hipótesis: que proviene de una antigua ciudad eslava llamada Laburus, mientras que otras aseguran que deriva de la palabra del mismo idioma Luba que significa Amada, o de la latina Alubiana. Cada cual puede elegir la suya.

Tengo la sensación de que es una ciudad fácil de recorrer, toda la zona es peatonal, enseguida trazo la ruta a seguir. Según se dice: “la primera impresión es la importante”.Desde luego, la que experimento es magnífica. Siento como la adrenalina comienza su proceso invadiendo mis sentidos. Sin vacilar me dirijo hacia el centro neurálgico de la ciudad: la Plaza Presernov. Lugar dedicado al importante poeta esloveno Frances Preseren(1-872-1-957). La erguida figura reproducida en bronce sobre un labrado pedestal, parece que observa a los paseantes dominando la situación. Me asombro ante este gran espacio abierto y privilegiado desde donde puedo contemplar una hermosa panorámica. Un lugar de paso por estar situado en un importante cruce junto al río. Un sitio ideal para tomar el pulso a la ciudad.

Comienzo a orientarme. Uno de los edificios más representativos de la plaza, entre otros, es el antiguo Café Valvasor, centro de reunión de intelectuales durante el siglo XIX, actualmente es la Farmacia Central. La arquitectura parece que se ha dado cita aquí, creo que no he visto en otro lugar este conjunto de diversos estilos, es perfecta la integración. Asomándose a esta plaza la Iglesia de la Anunciación, de estilo barroco de mediados del XVII junto al modernismo reflejado en las hornacinas y frontones que ornamentan la fachada de color rosado, resaltando sus dos esbeltas torres. No dejo de hacer fotos aquí y allá, tal vez, de forma compulsiva.

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A pocos metros, están los edificios representativos del Art Noveau de principios del siglo XX, para mí esta arquitectura tienen una atracción especial, y me regocijo ante el Palacio Urbanc y el Ura, actualmente albergan grandes almacenes, como Centromerkur. De dicha plaza surge el Puente Triple. Al contemplarlo no salgo de mi asombro: una belleza singular. Curioso conjunto de tres puentes de gran originalidad. La parte central, llamada Puente del Hospital, construido en 1.842, mientras que las arcadas laterales, peatonales, se edificaron entre 1.929-1.931, según diseño del acreditado arquitecto esloveno Joze Plecnik. Tras cruzarlo accedo al casco antiguo, la margen derecha del río.

A este lado del emblemático puente me encuentro ante una de las obras más destacadas del mencionado arquitecto: el Mercado Central. Es un edificio espectacular. Mi atención se fija en la decoración de sus ventanas y su gran balcón central, además de sus curiosos tejados. La alargada columnata neoclásica, bajo la que se resguardan una hilera de puestos que venden variados productos típicos de la zona y objetos artesanales. Por falta de tiempo y, no de ganas, tengo que seguir la ruta.

Al encontrarse la mayoría de sus monumentos, edificios y plazas en esta zona histórica, mientras camino voy percatándome de la idiosincrasia que va surgiendo en cada rincón. Como siempre, cada vez que recorro una ciudad, no puedo evitar la tentación de perderme, sumergirme en su historia y formar parte de cuanto me rodea. Intento fallido ya que, desafortunadamente, encuentro el regreso y vuelvo a la realidad. De todas formas, persisto en el empeño y por tiempo definido, disfruto de los laberintos de calles y callejuela adoquinadas, contemplando sus viejos edificios medievales que, tal vez, tantos secretos guardaran entre sus muros.

Como toda ciudad europea, Liubliana se caracteriza por su gran diversidad de iglesias, además de las ya reseñadas, hay que destacar la de San Pedro, situada en el viejo barrio del Medievo, la que dice más vieja parroquia de la ciudad, fechada su construcción entre 1.730-1.745. Llego hasta sus puertas y mi intención se frustra: está cerrada.

Siguiendo con el tema religioso, creo que en estos monumentos se refleja mucho del pasado, continuo mi peregrinación hacia la Catedral de San Nicolás, situada en la Plaza Pogacarjev. Está edificada en el mismo lugar donde, en el siglo XIII, existía una iglesia bajo el patrocinio de los pescadores y barqueros. El edificio actual es de principios del siglo XVIII. La puerta principal es de bronce y recoge escenas de la cristiandad eslovena. La intencionada visita está fuera de horario, por lo que decido dar una vuelta a su alrededor. En los muros laterales exteriores, hay varias lápidas funerarias romanas, medievales y barrocas. En una de las fachadas una hornacina, protegida por un cristal, una escultura gótica de la Piedad, del siglo XV.

La historia de Liubliana está ligada a su río Ljubljanica y, ciertamente, le da un toque mágico. Fue una importante arteria del tráfico fluvial, ahora sólo una pequeña flota de barquitos, se dedican a los paseos turísticos.

Con la lógica dificultad del idioma, localizo que estoy en la Plaza Vodnikov, dedicada al poeta Valentin Vodnik (1.758-1.919). En este lugar se alza la Casa Mahr. En tiempos existió un alberque, dónde se dice, nació el infante español, futuro Carlos VII de Borbón. Desde esta plaza enlazo con otro puente.

Creo que este río no divide a la ciudad, si no que la une, ya que sus magníficos puentes son elementos arquitectónicos que la caracteriza. Además del Puente Triple, el más significativo es el de Los Dragones, construidos en 1.901 en honor al emperador Francisco José. Es una institución, un símbolo de la ciudad, con los cuatro dragones que se alzan en cada una de las esquinas. Consulto mi guía, una leyenda se le atribuye y, mientras la leo, sonrío: “Cuando lo cruza una doncella, los dragones mueven sus colas”. Me parece simpática y… picaresca. Decido no cruzarlo, por si acaso, y vuelvo mis pasos por el mismo margen derecho.

La panorámica que ofrece el río Ljubljanica desde el puente es hermosa. A pesar de estar canalizado y encerrado entre muros. En ambas márgenes, abunda el arbolado, un juego que mezcla los volúmenes y las formas de los álamos, sauces, tilos y castaños que dejan caer sus ramas sobre las aguas, a la que se asoman las bellas fachadas de las casas que lo bordean. En algunas zonas, cuelgan obras pictóricas, una forma de exponer el arte. Ello le proporciona colorido y plasticidad al entorno. No salgo de mi embeleso.

El tiempo, mi mayor enemigo. Tengo que controlar mis impulsos, la curiosidad me vence: ver más y más. La vitalidad que desprende esta ciudad es contagiosa. Sus calles son un ir y venir constante de viandantes, aparentemente sosegados, sin los agobios que producen una gran urbe. Los acogedores cafés que se alinean en las riberas del río disponen de cómodas terrazas. Suelen estar ocupadas por reuniones familiares y de jóvenes que, animadamente, disfrutan de las charlas, y son un alivio para el cansado turista. Creo que a los nativos les gusta gozar de sus calles, sobre todo en esta época estival, ya que gozan de temperaturas que no sobrepasan los 28º-30º, sin embargo, para mí es una espléndida primavera.

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Es tal mi entusiasmo que me he olvidado de comer algo, la alarma salta en mi estómago. A pesar de la tardía hora, sin pensarlo mucho, entro en una cafetería y ocupo una de las mesas. Una ojeada a la carta de viandas, me deja perpleja: no entiendo nada de eslavo. Entablo un “intercambio dialéctico y de gestos” con el camarero, que sólo ha entendido: “deseo tomar una cerveza”. Es tal la situación que, una joven ocupante de la mesa cercana, intercede en mi ayuda, habla algo de español. Resuelto el problema, elijo una vianda al azar. Mientras espero lo solicitado, ambas nos enzarzamos en una charla basada en preguntas y respuestas. A ella le interesa España y a mí, su ciudad. El final: la intención de la chica es que le facilite la receta de la “paella”. Me quedo anonadada.

Con voracidad engullo una especie de bocadillo que esconde un filete de carne, desconozco su sabor y de qué animal procede, todo ello, aderezado con una sabrosa salsa y lechuga. El apetito es ciego. Después me informé de que, es habitual, el consumo de la carne de caballo. Si así fuere, lo recordaré como una experiencia gastronómica.

Recuperada las fuerzas, continúo mi recorrido. Tres son las plazas que representan el casco histórico, llamadas Mestni, Stari y Gornji rodeando la falda de la colina del Castillo. Esta zona ha conservado su trazado medieval, casi todas las casas son barrocas con fachadas de varios colores. Lo sorprendente es que dichas plazas son de forma alargadas y se conectan entre sí gracias a las calles peatonales, paso de una a otra sin darme cuenta.

Callejeando llego hasta la Plaza Mestni, donde se alza el edificio del Ayuntamiento, construcción de fines del siglo XV, reconstruido en 1.718. De su arquitectura, quizá, lo que más me llama la atención es su campanario y sus coloridos relojes en cada una de sus caras. Frente al edificio resplandece la fuente de los Tres Ríos de la comarca de Carniola. Tres figuras alegóricas representan al Sava, El Krka y al Ljiubljanica. Obra barroca del XVIII diseñada por Robba. Su estilo me recordó a la que está en la Piazza Nabona, de Roma.

Continúo mi paseo hacia la siguiente plaza Stari, corazón de la ciudad vieja. En este lugar se ubicaba la Tranca, un edificio demolido que albergó la cárcel. Desde aquí, a través de una callejuela, desemboco al Puente de los Zapateros, que ya existía en el Medioevo, según dibujos antiguos, guardaba semejanza al Ponte Vecchio, de Florencia. Era llamado así por la zona que ocupaban los talleres de zapatería. El actual, es obra del arquitecto Plecnik. Es un puente de peculiar belleza, debido a las columnas que se elevan a lo largo de su recorrido, Al otro lado se halla el barrio judío.

La “gymkhana” está llegando a su fin. Como final a este recorrido cultural, un breve apunte en cuanto a Literatura. Además del citado poeta Preseren, creo que los escritores, anteriores y actuales, de este país son grandes desconocidos fuera de sus fronteras. Entre ellos, hubo un personaje importante que influyó mucho en la literatura de este país, Primoz Trubar (1.508-1.586) El primer autor en lengua eslovena que entregó a sus compatriotas su libro impreso en 1.550. Como homenaje, su efigie aparece en las monedas de 1 Euro.

He de reconocer que Liubliana, esta pequeña capital del centro del país de Eslovenia, hoy día se nos presenta como una ciudad joven, pero con mucha historia detrás; al igual que su arquitectura y entorno que esconden grandes secretos del pasado. Un país pequeño y acogedor que me ha sorprendido por su riqueza cultural y la amabilidad de su gente. Desde Enero de 2.007, Eslovenia se convirtió en el primer país ex-comunista en adoptar la moneda común europea: el Euro.

El tiempo concedido se agotó y de nuevo me encuentro en el punto de encuentro para continuar el viaje. Sólo una frase puede resumirlo todo¨” No he contado la mitad de lo que vi” (Marco Polo).

  • Interesante recorrido el que haces de esta ciudad y eso que disponías de poco tiempo.

    Supongo que si escribes el viaje entero puede dar para un libro. O más.

    Me encanta tu deseo de descubrir cosas, esa búsqueda tuya con la que luego nos ilustras.

    Besos

  • Elisa I. Mellado

    Dice un refrán “que el tiempo es oro”, el truco está en saber distribuirlo. Ya sabes que planifico mis viajes y cuando llego al lugar está todo “controlado”. El recorrido por el pais croata da mucho de sí en cuanto a las históricas ciudades. Un mundo por descubrir. Seguiré contando. Besitos.

  • Beatriz

    Me gustaría conocer esta ciudad, como explicas tu experiencia parece que tiene algo de mágica. Espero visitarla algún día, y tú serás mi guía. Eres la mejor.