La actividad lectora y el uso habitual de múltiples idiomas están estrechamente relacionados con beneficios significativos para la salud cognitiva, según la especialista en neurofisiología clínica, Estela Lladó-Carbó, de Monarka Clinic. La evidencia científica sugiere que estas prácticas no solo fomentan una mayor reserva cognitiva, sino que también retrasan la aparición de síntomas de deterioro cognitivo en las personas, al involucrar diversas áreas del cerebro en un proceso dinámico y activo.
En un entorno cada vez más dominado por pantallas y la rápida absorción de información, la lectura se presenta como un hábito esencial que ofrece un tipo de atención sostenida, contrastando con la hiperestimulación de los estímulos digitales. Este enfoque permite al cerebro funcionar de manera más organizada y profunda, lo que es clave para mantener su agilidad a medida que se avanza en la vida.
La lectura activa simultáneamente distintos procesos cognitivos, como la memoria, la atención y el lenguaje, y estimula la imaginación. Además, facilita la capacidad del cerebro para generar y reorganizar conexiones neuronales, lo que es crucial para la salud mental a largo plazo.
Lladó-Carbó señala que «cada vez que una persona lee, entrena el cerebro», lo que implica que diversas áreas cognitivas deben trabajar en coordinación, reforzando así la capacidad de adaptación ante nuevos aprendizajes y situaciones. Este entrenamiento cognitivo está relacionado con el concepto de reserva cognitiva, que protege contra el deterioro asociado al envejecimiento y se construye a lo largo de la vida mediante la actividad mental regular.
La especialista añade que el impacto positivo de la lectura se amplifica cuando se realiza en varios idiomas. El uso de más de una lengua está vinculado a una mayor eficiencia en las redes cerebrales que manejan la atención y el control ejecutivo, lo que permite al cerebro adaptarse de manera más eficaz a diferentes contextos. «Utilizar más de un idioma de forma habitual fomenta una mayor flexibilidad cerebral», comenta Lladó-Carbó.
Investigaciones, como una realizada por la Universidad de York en Canadá, respaldan estos hallazgos, revelando que las personas bilingües pueden manifestar síntomas de demencia entre cuatro y cinco años más tarde que las monolingües. Además de los beneficios cognitivos, la lectura también se ha demostrado eficaz en la reducción del estrés y en la mejora de la concentración, ya que facilita que el cerebro abandone el constante estado de alerta generado por la sobreexposición digital.
«El acto de leer permite al cerebro desacelerar, favoreciendo así una regulación emocional más estable y una atención más centrada», concluye Lladó-Carbó, subrayando la importancia de fomentar hábitos de lectura en la vida diaria para cultivar una mente saludable y resiliente.


