Hasta ahora, yo siempre había pensado que la felicidad no tiene precio. O al menos, que su precio no es material. Pero resulta que a lo mejor hay que replanterse las cosas, porque un estudio que se ha llevado a cabo en Estados Unidos ha dejado claro que conforme aumentan los ingresos, aumenta la felicidad.

El límite está en torno a los 72.000 euros anuales, más o menos. Lo cierto es que las personas que tenían este nivel de ingresos, si no se puede decir que eran más felices (porque eso sí que no se puede medir) aseguraban sentirse más exitosas.

Sinceramente, mi opinión es que ser feliz poco tiene que ver con tener mucho o poco dinero, puesto que hay que saber apreciar las cosas que no cuestan nada.

Pero claro, los datos del estudio están ahí, y seguro que hay muchos que piensan que tendrían muchos menos problemas si tuvieran más dinero. Pero eso, ¿nos haría realmente felices?

Foto de Eduangi

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