Antes de que en el siglo XVIII advinieran las estéticas modernas y, con ellas, la autonomía de las bellas artes, puede decirse que todo arte fue, originariamente, “diseño”, es decir, arte “aplicada” a una función. Las artes, en efecto, han sido históricamente “artes aplicadas” a las más diversas funciones religiosas, políticas y sociales, desde el culto y la celebración, la representación del poder, la religión o la riqueza hasta la decoración y el descanso.
Más adelante, algunos movimientos nacidos entre finales del XIX y principios del XX como la Secession vienesa o el movimiento “Arts and crafts” y, sobre todo, las vanguardias históricas —desde el futurismo y la Bauhaus al neoplasticismo, pasando por el constructivismo—, supusieron no solo una acentuación de la moderna autonomía del arte, sino también un intento generalizado y radical de volver a llevar el arte a todas las esferas de la vida, ésta vez no tanto para representarla u ornamentarla como más bien para transformarla y configurarla desde el ideal de lo nuevo.
La Vanguardia quiso devolver el arte y su poder transformador al ámbito político y social, al mundo doméstico y al de la decoración y también a los textos del libro, la revista y el cartel, vehículos para la difusión de las ideas, de los que nunca había salido del todo, pero del que las estéticas y poéticas del arte puro, el esteticismo y el ideal de l’art pour l’art le habían alejado.
Con esto, la Fundación Juan March de Madrid presentará el próximo viernes, 30 de marzo, la exposición La vanguardia aplicada que presenta, con más de 700 obras –entre diseños originales, fotomontajes, libros, revistas, carteles, postales, folletos, maquetas y bocetos preparatorios–, la historia visual del impacto de los ideales de la vanguardia histórica en los ámbitos de la tipografía y el diseño gráfico, desde sus antecedentes en la última década del XIX y durante la primera mitad del siglo XX.
Las obras de esta muestra provienen de dos importantes colecciones internacionales especializadas en diseño y tipografía de vanguardia, que por su criterio en la selección de obra y su amplitud pueden considerarse de rango museístico: la del estadounidense Merrill C. Berman y la del santanderino José María Lafuente. La selección de las obras de ambas colecciones no se ha realizado solo de acuerdo a criterios históricos, sino desde un acercamiento transversal al espíritu transformador de las vanguardias y en torno al eje constituido por la articulación de las formas y los signos en el diseño gráfico de las vanguardias y la revolución tipográfica que éstas supusieron.