La ley Sinde, un fracaso colectivo

La ley Sinde, un fracaso colectivo 5

Decir que el resultado de la votación de la ley Sinde ha dejado contentos a unos y enfadados a otros es hacer demagogia nada conclusiva, pero la situación en sí tampoco tiene nada de claro en el sentido de que esta ley no es más que un parche chapucero que no hubiera hecho más que demorar un desastre mayor.

Que esta ley es un fracaso colectivo sólo hay que verlo con el cruce de reproches entre la Asociación de Internautas y el cantante Alejandro Sanz, o el hecho de que PP y PSOE quisieran lo mismo pero con distintas formas o, dicho de otro modo, la oposición del PP a la susodicha ley no responde a otro objetivo que el de bombardear el Gobierno socialista. Como siempre, política.

Para empezar la Ley de Economía Sostenible (un concepto que se estila mucho hoy en día), en la cual enmarcaba la ley Sinde, ya suena a cortina de humo y a máscara para escenificar un paso al frente intuiblemente torpe en la lucha contra la crisis, y así mal vamos.

No obstante, hablemos de la Sinde y de cine, que aquí es lo que tratamos. La aprobación de esta ley nos hubiera dejado en pelotas porque hubieran cerrado las páginas de enlaces y descargas tipo Cinetube o Series Yonkis, o sea, que nos quitan media vida. Las posiciones son claras aquí: una industria cinematográfica, mercado del DVD, cines, distribuidoras y otras empresas del sector que acusan a los internautas de ladrones, y unos internautas que se aprovechan de las puertas abiertas que Internet ofrece al acceso de la cultura, lo que me parece normal porque ¿para qué pagar por algo que puedes tener gratis?

Siempre he dicho que los españoles, algunos más que otros, somos truhanes por naturaleza. Sabina, Serrat y Julio Iglesias ya lo cantaban en sus canciones y otros como el dibujante de cómics Manuel Vázquez (encarnado por Santiago Segura en El Gran Vázquez) hacía de la trampa su forma de vida. O sea, que el problema viene de muy hondo y de muy lejos, pero ahora nos quejamos. Otra cosa que es muy normal entre los españoles, sobretodo los más mayores, es que somos gente rutinaria. Nos va bien todo hasta que nos tocan algo nuestro, ya sea el carajillo de las 11 de la mañana o el derecho de ver cine.

Todo esto está ahí, y también lo está el hecho de que la oferta cinematográfica en España está al borde de ser lamentable, y no hay otro calificativo para la cara que se queda a uno que va a un cine de 6 salas y en 3 de ellas ponen la última de Harry Potter o de la saga Crepúsculo. En este país hay que excavar para encontrar un cine en el que estrenen películas que no vengan de la primera línea mediática hollywoodiense, y si quieres ver cine en versión original eres un bicho raro que quiere hacerse el guay. Y no sólo eso, si no vemos las series por Internet tenemos que esperar uno o dos años (o tres semanas en el mejor de los casos) para que lleguen los capítulos aquí. Con este panorama, pues, lo normal es que busquemos cobijo en la inmediatez de la red.

La ley Sinde es una ley de Inquisición basada en el castigo del presunto criminal, es un parche que no contempla una reforma estructural ni una redefinición de la oferta cultural cinematográfica de este país. Supongo que da pereza entender que se están abriendo nuevas vías de consumo y supongo que es mucho más fácil frenar el progreso natural que cambiar la mentalidad. Que nos quitaran las descargas gratuitas no sería traumático si hubiera alguna forma de acceder al mismo contenido con una mayor garantía de calidad, con beneficios adicionales y un precio asequible. ¿Descabellado? Yo creo que no, pues se trata de sentarse a acercar posturas, dejar de mirar al pasado y entender que regular pasa por cambiar mentalidades.

Personalmente me gusta ver una oportunidad en esta situación tensa. Me gustaría que aprobar una ley para acabar con la piratería fuera acompañada de una mayor y mejor oferta de películas y de una educación un poco más rica en esto de ver cine. Dejar atrás lastres franquistas como del doblaje sería un primer paso y, si no, que se haga como en Francia y se apueste por un producto nacional de calidad, que luego decimos que el cine español es una basura.

De todos modos, siendo realista, veo muy difícil que a corto plazo aprendamos a mirar más allá de nosotros mismos. La forma de ser española, la pena que dan los políticos y con unos colectivos que hacen de la queja y el egoísmo su bandera impiden que se puedan aprovechar los medios existentes. Hasta que esto no cambie seguiremos siendo lo mismo, un país de broma lleno de gente voluntariamente idiotizada dentro de un sistema dañado que se va retroalimentando con reproches y puñaladas, y en el que cualquier solución que no incluya un reinicio será un fracaso colectivo más para la colección, como nuestra querida ley Sinde.

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