La entrevista que nunca se le hizo a Don Miguel de Cervantes

En estos días primaverales del mes de Mayo, en Sevilla se viven importantes acontecimientos culturales, entre otros: una exposición, única, del gran pintor Sorolla, que puede admirarse en el Museo de Bellas La entrevista que nunca se le hizo a Don Miguel de Cervantes 11artes, y la Feria del Libro, instalada alrededor de la céntrica Plaza Nueva.

Me decido por la Feria del Libro. Es temprano. Me sorprende el bullicio que hay. Recorro algunos de los stands. Hojeo algunos libros que se exhiben. Observo que, este año han sido muchos los títulos que abren sus hojas por primera vez al mundo literario. Nuevos padres que miran con orgullo su obra, a la espera de que algún lector aprecie su trabajo y la adquiera, como requisito: su correspondiente dedicatoria. Libros que pasan de mano en mano, ojos que, ávidamente, leen sus líneas. Autores, libros; libros, autores. Continúo mi paseo alrededor de la Plaza Nueva.

Recuerdo al insigne Cervantes, si viviese quizá lo reconoceríamos tal y como lo describieron entonces: un anciano solitario y desdichado con sus familares. Probablemente sería Premio Nobel; tal vez, ocuparía el Sillón letra C en la Real Academia y hasta le otorgarían el Principe de Asturias de las Letras. Sin embargo, le tocó vivir en la España del Imperio, hasta convertirse, por los siglos de los siglos, en uno de los personajes históricos, además de un referente literario de fama universal.

La entrevista que nunca se le hizo a Don Miguel de Cervantes 12El curso de la vida de Cervantes estuvo marcado por constantes infortunios. La España de aquél entonces fue a la vez la del Imperio, la Conquista y el Siglo de Oro, pero también la del hambre, la mendicidad, la peste, los asesinatos y la negra sombra de la Inquisición.

La vida de Cervantes sigue siendo un misterio. De sus peripecias no es mucho lo que conocemos, y de su intimidad y su carácter lo ignoramos todo.

En mi paseo, observo a un anciano que, con dificultades y a punto de perder el equilibrio, consigue sentarse en uno de los bancos que bordean la Plaza. Me acerco y le ayudo. Con rigurosa cortesía y amabilidad me da las gracias y se presenta: Miguel de Cervantes, inclina levemente su cabeza. Quedo atónita. , me vuelve a repetir: Me llamo Miguel de Cervantes Saavedra. Me invita a sentarme junto a él. Le obedezco. Desde el mundo de la nada surge una amena conversación. (*)

¿Cuánto tiempo vivió Vd. en Sevilla? De joven, unos dos años, en 1.564 procedentes de Córdoba, mi familia llegó a Sevilla. Yo era un zagal de unos 16 ó 17 años. Si no recuerdo mal, vivimos en una casa en la Collación de San Miguel. Después en el año 1.566 nos fuimos a Madrid.

¿Cómo era Sevilla en aquella época? La Sevilla de ése tiempo, era una de las ciudades más prósperas del orbe. Sólo Venecia podía compararse. Por su Puerto entraban y salían a diario mercancías, tanto de las naves que partían para las Américas, o las que llegaban de otros puntos de Europa.

¿Por qué se marchó su familia a Madrid? Por motivos económicos y famliares. Yo tenía, creo que 19 años y había pasado en la ciudad andaluza ese tiempo que es el «más preciado patrimonio del hombre».

¿Cuándo volvió a instalarse de nuevo en Sevilla? En 1.587, aunque de forma fugaz ya estuve en varias ocasiones. Me alojé en la Posada de un viejo amigo, Tomás Gutiérrez. Al poco tiempo fui nombrado Requisador de Aceite y Trigo, es decir, como Comisario de Abastos. Puesto del que fui destituido en el mes de Abril del año 1.594. Volví a Madrid, dónde me esperaba un nuevo puesto en la Administración Pública, como Recaudador.

– Se casó Vd. con una distinguida dama, mucho más joven ¿tuvo hijos? Sí, sí me casé con 37 años en Esquivias (Toledo) con mi amada Catalina de Salazar y Palacios; entonces ella tenía 19 años. Con mi esposa no tuve descendencia, pero sí una hija natural, fruto de una infidelidad, allá por el año 1.584.

¿Se puede conocer quién era esa dama? Sí, soy un caballero y no omito las respuestas. Se llamaba Ana Franca de Rojas, madre de Isabel de Saavedra, mi hija.

¿Es cierto que quiso embarcarse para las Indias para tratar de sanear su eoconomía? En 1.590, el 21 de Mayo presenté un memorial al Rey Felipe II, enumeré mis servicios y pedí la merced de un oficio en Indias. El día 6 de Junio de aquél año, el Concejo de Indias me comunica que la respuesta es negativa.

¿Cómo fue su alistamiento en la Armada Española? Con apenas 20 años recorrí Italia y en el año 1.571 me enrolé en la Armada Española. Participé en la famosa Batalla de Lepanto:» La más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros».

-De aquella batalla salió Vd. herido ¿cómo sucedió? Aquél día me encontraba enfermo, con calenturas. A pesar de que mi Capitán y mis compañeros no querían que participara de la batalla, me armé de coraje y subí a cubierta para luchar por Dios y por mi Rey. Al final, resulté herido a consecuencia de un disparo de arcabuz, recibido en el pecho y en el brazo izquierdo. Perdí gran movilidad de este miembro.

¿Entonces lo de su mano…? Mi mano izquierda no fue cortada, sino que se anquilosó al perder movimiento, un trozo de plomo se quedó alojado.

-Aquella época como le fue ¿siguió su carrera militar? No, la dejé, por aquél entonces fueron tiempos muy duros. Estaba en la ruina y me dediqué a escribir. En 1.585 publiqué la primera parte de «La Galatea», aunque nunca hubo una segunda continuación. Se me ocurrió escribir para el teatro, también sin porvenir.

-En 1.587 fue nombrado Comisario Real de Abastos, o sea Recaudador de Especies para la Armada Invencible, y le fue mal, empezando con la Iglesia.- Sí, recuerdo aquello, fue en Écija. Según le parecía a esta institución eran excesivas las recaudaciones, me denunció y ex comulgó. Fui encarcelado en Castro del Río.

-Más tarde, otro nombramiento también le supuso problemas más graves ¿no es así? Fui Recaudador de Impuestos. El banquero al que depositaba el dinero quebró y me acusaron de nuevo. Entonces me encarcelaron en la Cárcel Real de Sevilla, dónde estuve seis meses.

-Se dice que perteneció a una Cofradía de Protectorado.- La penuria económica siempre fue mi compañera. En 1.609 ingresé en la Cofradía de Esclavos del Santisímo Sacramento, a la que también pertenecía Lope de Vega y Quevedo. Era una costumbre de la época para tener la oportunidad de obtener algún protectorado.

¿Cuándo comenzó su entrega a la creación literaria? Por cierto, que prolífera en obras.- En los años siguientes a la publicación del «Quijote» le siguieron «Novelas Ejemplares» (1.613) «Viaje al Parnaso» (1.614) «Ocho comedias y ocho entremeses» y la segunda parte del «Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha» (1.615). A pesar de todo mi trabajo, las penurias económicas continuaban.

-Sus principios iban encaminados hacia otros afanes literarios, que nunca abandonó.- Sí, mis comienzos fueron la poesía y el teatro. Hice sonetos, canciones, églogas, romances, letrillas y otros poemas menores, dispersos. Lo más importante fueron «Canto de Calíope» y «Viaje al Parnaso» (1.614) No logré ser reconocido como poeta, y en el teatro tampoco.

-En el teatro tenía Vd. un rival muy difícil de vencer ¿es cierto? Sí, decían que era mi eterno rival. Le hablo de Lope de Vega, y por ¡Dios! es que era muy bueno. También hubo otro Lope de Rueda, que tanto admiré de joven.

-Se habló de que en 1.614 en Tarragona apareció una publicación apócrifa del «Quijote».- Quién fuera lo hizo bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. En el prólogo se jactó de insultos hacia mi persona. nunca se supo quién era, aunque mis biográfos apuntan a que fue Lope de Vega.

La entrevista que nunca se le hizo a Don Miguel de Cervantes 13¿Por eso cambió Vd. el título de Ingenioso por Caballero en la II Parte? Cuando escribía la segunda parte, estaba ya bastante avanzada, hube de darme prisa. Ya en el Capítulo LIX no perdí la ocasión de ridiculizar al falso Quijote, y de asegurar la autenticidad de los verdaderos Don Quijote y Sancho. En 1.617, en Barcelona, las dos partes se publicaron juntas.

-Sabe Vd. que su obra es considerada inmortal y de fama universal.- Después de los tiempos, eso dicen. También estoy informado de que he sido traducido a todas las lenguas con tradición literaria.

¿Qué obras tienen presencia fundamental la ciudad de Sevilla? Son varias, «El rufián dichosos» y «El rufián viudo». Me interesó reflejar al hombre que sufre, vive y se divierte, por la Sevilla vivida y habitada. En las «Novelas Ejemplares» forma parte «El celoso extremeño», «Rinconete y Cortadillo» y «El coloquio de los perros».

¿Cómo describiría la Sevilla de aquella época como referencia en su obra? Mi principal objetivo era reflejar los problemas humanos, y la condición ambivalente y sutil del ser humano; algo que sólo podía llevar a cabo en una ciudad tan moderna, abierta y cosmopolita: la Sevilla de entonces, en relación con otras.

¿Sabe Vd. que Sevilla en 1.916 le rindió homenaje en su III Centenario? Por supuesto. Sí, La entrevista que nunca se le hizo a Don Miguel de Cervantes 14fueron colocados dieciséis azulejos conmemorativos en varios puntos de la ciudad dónde se desarrollan parte de mis obras. ¡Tantas veces paseé por aquellos lugares! Aún los recuerdos como si fuese ayer. Los textos de los azulejos fueron redactados por otro escritor, Luis Montoto.

¿Y la última placa colocada en esta ciudad por su IV Centenario? ¡Ah, sí! Está colocada en el Muro de la actual Casa de la Provincia, en la plaza llamada del Triunfo. Alude al pasaje del «Quijote», en la que menciona al Giraldillo, en el Capítulo XIV de la segunda parte. Dónde el Caballero del Bosque reta a la Giganta: «Una vez me mandó que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla, llamada Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar es la más movible y voltaria mujer del mundo».

– Don Miguel, ha sido para mi un honor compartir esta charla con Vd. Muchas gracias por haberme concedido la entrevista que siempre quise hacerle.

– Las gracias a vos por atenderme. Aquí me encontraréis cada año. Que Dios os guarde.

(*) No es correcta la forma continua de preguntas-respuestas. He cuestionado la extensión.

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