La crisis del ladrillo

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«Sin un ramito de locura, no hay humana criatura». Nuestro refranero es rico en verdades como puños y en realidades como templos. Hay a quien le dio por ser loco; hay incluso a quien le dio por escribir sobre los locos –Erasmo de Rotterdam por ejemplo- o cantar a los locos –El Último de la Fila-; hay también a quien le dio por hacer un film sobre el proceso de enloquecerse y ya de paso un espectáculo audiovisual sin precedentes y además salir de gira por el mundo a presentarlo; estamos hablando de una de las bandas de rock más alucinantes e interesantes de toda la historia: Pink Floyd.

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Como bien expresa el aforismo, todos tenemos algo de locos, vamos, como mínimo algunos momentos en que nuestra racionalidad queda apartada y nos comportamos de un modo absurdo. Otros parece que comienzan pronto la senda de la sinrazón y van transitando  sus diferentes estadios demenciales sin saltarse uno solo hasta que alcanzan la alienación total. Y esto es lo que cuenta El Muro, un caso extremo, en un film dirigido por Alan Parker pero que sería muy injusto atribuirle su autoría solamente a él. Es este un film muy peculiar porque cuenta una historia, inspirada tanto en la biografía del primer líder de Pink Floyd, el genial Syd Barrett, como en la del propio autor del guión, Roger Waters, pero que está contada a través de canciones en un disco homónimo que se editó tres años antes. Lo que quiero decir es que si no se escucha primero el disco, la película no se comprende en toda su magnitud.

En realidad el guión es el disco (salvo alguna canción nueva y alguna que no aparece) y si se escucha de cabo a rabo sin imagen alguna, incluso aunque no se sepa una palabra de inglés, se descifra perfectamente el asunto -la trama- y se entiende perfectamente la intención del autor (autores). Pero es que da la casualidad de que este disco, el guión, es uno de los discos mejor escritos y grabados del siglo pasado. No es extraño porque el grupo Pink Floyd, sin ser unos grandes instrumentistas, que no lo eran, pasa por ser, a mi juicio, el grupo musical que mejor supo utilizar los recursos de un estudio de grabación (sí, mejores en esto que The Beatles) es decir, arreglos, instrumentaciones, efectos de sonido, voces. Ahí han quedado para la historia auténticas obras de arte como son «The Piper at the Gates of Dawn», «The Dark Side of the Moon», «Wish you were here», etc…

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Cuando Alan Parker toma las riendas del proyecto, lo primero que hace es enviar a Roger Waters durante seis semanas de vacaciones para evitar que se inmiscuya demasiado en el rodaje; ya se sabe, lucha de egos… se elige como protagonista a un cantante de rock, Bob Geldof, y a algunos actores profesionales más, un buen puñado de extras y se graba el bruto del film mayoritariamente en los estudios Pinewood de Londres. A esto hay que añadir que algunas escenas -veinte minutos- que acompañan a la música son dibujos animados de Gerald Scarfe, que ya estaban incluidos en el diseño del disco pero que ahora cobran más protagonismo. Realmente son impactantes y una gran idea el incluirlos en el film.

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Y ¿cual es el resultado? pues una película extraña y bella pero no apta para maniaco-depresivos… ni para tarados con delirios de poder o grandeza. Lo cierto es que ya dije que como la banda sonora, el guión, prácticamente estaba ya hecho -muy bien hecho- pues Parker se limita a seguirlo, salvo algunas escenas con actores en que se nota su mano de cineasta: trabajo agradecido, pero bien hecho. Inolvidable por ejemplo, la escena en que Pink (Bob Geldof) ordena todo el caos de su habitación destrozada, pastillas y huesos de pollo incluidos. Si fueramos injustos con el director diríamos que lo que hace únicamente es grabar un vídeo musical (videoclip) pero un vídeo que dura ¡noventa y cinco minutos!. No carecía de experiencia como realizador de filmes musicales, pues Alan Parker había dirigido Fama, una notable película que dio origen a una horrenda serie de televisión. Ni se acaba con El Muro su acercamiento al género musical (aunque llamar musical a este film sea impropio) ya que después rodaría un musical en toda regla, a saber Evita, con Madonna y Antonio Banderas.

Pero, en cualquier caso, de su cine musical, por lo singular, me quedo con El Muro sin dudar…

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