El enano y la doncella
Grimbo el Viejo miro el resplandor que emitía el filo de su hacha, realmente estaba afilada, muchos goblins morirían esa noche. No obstate delante de una roca delante de la fortaleza de Grog el Gordo tenía la sensación de que toda su vida pasaba por delante suya con imágenes fugaces, no podía desprenderse de un fuerte sentimiento de muerte y angustia.
El jóven matador enano había jurado venganza por Grungi desde que la horda de Goblins de Grog el Gordo hubieran emboscado y saqueado la Fortaleza de la Torre Dorada, en Karak Ocho picos, arrasando con todo y llevándose como prisionera a la doncella enana que se ocultaba en su interior ante el inminente asedio.
«Grimbo, te has vuelto loco, nunca debíste desobedecer las ordenes del Rey Karstrom acerca de no atacar tu solo la fortaleza de Grog» -.le decía su fiel escudero, un viejo bretoniano que antaño hubiera pertenecido a la honorable orden de los caballeros del grial.
«No estoy solo orardo, tengo a mi horda de matadores conmigo, ellos han jurado seguirme hasta la muerte y no temen a nada». -. «Yo también lo he jurado, pero solo somos un regimiento de 50 matadores y un bretoniano delante de los muros de toda una fortaleza llena de goblins…»
«Puedes irte cuando quieras orardo, del mismo modo has de saber que un matador pelea como 50 goblins, así que casi podría decir que estamos en igualdad de condiciones, bien no más charlas inútiles, por Grungi que rescataré a Lian, preparemos la emboscada…»
El enano matador era bastante jóven aún, ni siquiera alcanzaba a cumplir los 100 años y como buen enano era todo un testarudo. Ante el ataque goblin la primavera pasada no había parado de solicitar a su rey que realizaran un contraataque contra lo antes posible, no obstante el Rey Karstrom sabía que en esos momentos estaban en una inferioridad monstruosa, ante lo cual había pedido refuerzos a todos los reinos enanos dispuestos a acudir en su ayuda para rescatar a la princesa Lian, sim embargo el impetuoso Grimbo el Viejo no había podido esperar más y desobedeciendo toda orden había decidido partir a la batalla con su séquito de fieles matadores él solo.