El inicio del curso escolar representa un reto significativo para muchos adolescentes, quienes deben ajustar de manera abrupta sus ritmos biológicos tras semanas de horarios más flexibles. Esta transición, que puede resultar difícil, surge debido a los cambios que la pubertad genera en el reloj biológico. Según el doctor Carlos Egea, jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Quirónsalud Vitoria, durante este periodo se produce un retraso en la secreción de melatonina, lo que dificulta que muchos jóvenes se sientan preparados para dormir antes de las 23:00 o 24:00 horas. Esta situación se agrava cuando se combinan con horarios escolares que requieren un levantarse temprano, lo que provoca un déficit de sueño con consecuencias potencialmente severas.
Estudios revelan que aproximadamente el 38,5% de los adolescentes experimenta síntomas similares al insomnio clínico, una situación que se ve exacerbada por el estilo de vida actual, que incluye el uso excesivo de pantallas, las presiones académicas y el consumo temprano de bebidas estimulantes. El doctor Egea detalla que muchos adolescentes entran al nuevo curso con una considerable deuda de sueño acumulada, y cuando los cambios de horario se realizan de manera abrupta, se experimenta lo que se denomina «jet lag social», una desincronización entre el reloj biológico y las obligaciones cotidianas.
El impacto de la falta de sueño no se limita a la fatiga; la privación crónica puede derivar en problemas de atención, concentración y un aumento de la irritabilidad, además de una vulnerabilidad psicológica mayor. El especialista indica que estos efectos están intimamente relacionados con el rendimiento académico y el bienestar emocional, lo que hace necesario un enfoque proactivo para gestionar los horarios de sueño.
Para minimizar las dificultades asociadas con el regreso al colegio, Egea sugiere que los adolescentes comiencen a ajustar sus horarios de sueño entre una y dos semanas antes del inicio del curso. La recomendación incluye adelantar la hora de acostarse y levantarse entre 15 y 20 minutos cada día. Evitar cambios bruscos en los horarios en los últimos días de vacaciones es clave para no agravar los problemas de sueño.
Además, el doctor Egea enfatiza la importancia de seguir ciertos hábitos que faciliten el ajuste al nuevo horario. Se recomienda apagar dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir, exponerse a la luz solar por la mañana y mantener rutinas estables en las horas de comida y actividades previas al sueño.
En caso de que las dificultades para dormir persistan durante más de cuatro semanas, a pesar de seguir estas recomendaciones, el especialista aconseja consultar con un experto en medicina del sueño, prestando atención a signos como la somnolencia excesiva durante el día o irritabilidad notable, que pueden indicar la necesidad de intervención profesional.

