En la luz constante del deseo. Introducción del autor

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Aprovecho ahora las páginas de este medio de comunicación para presentarles a ustedes, atentos lectores, lo que será una de mis próximas publicaciones en papel: En la luz constante de deseo, poemario que empecé a escribir en el verano de 2010 y que ha sido una de las aventuras de estilo más felices que he realizado desde que empezara a escribir poesía en mi adolescencia. Este libro se basa en una idea central que lo recorre de manera medular: la idea del deseo erótico como una poderosa fuerza instintiva que nos impulsa a conocer el mundo a través de la voluptuosidad del amor, del goce carnal y la sexualidad: es decir, una estética del placer expresada bajo las formas propias de la poesía, allí, en el lenguaje que pretende dar de cuenta de la relación atávica, pero finalmente edificante, del hombre frente a los misterios de su cuerpo, que tanto tienen que decirnos de su entera condición.

Digo que ha sido una las aventuras más felices porque me pude sentir muy a gusto adoptando este discurso. Para él de debido valerme de formas de asociación retórica que me parece reconocer en las formas caprichosas del ensueño y del trance crepuscular que tiene lugar durante la comunión erótica.

Este pequeño universo del libro se encuentra, entonces, regido por el deseo, tal como pienso que una gran parte del mundo vital lo está. El deseo inextinguible que sólo desaparece con la muerte. Porque el deseo a lo largo de toda la vida nunca se encuentra satisfecho, siendo siempre el mismo bajo diferentes morforlogías; pues al momento de su aparente realización, el deseo renace desde sí, Fénix destinado a acompañar al hombre durante toda su existencia, a guiarlo en su regreso al seno de la naturaleza, a la cual nunca podrá negar, ni de la cual podrá desencajarse. El deseo nunca satisfecho que regresa siempre con nuevas demandas. Porque cuanto más parece que el deseo ve cumplidos sus anhelos, más deseo es: la unión con los seres desafortunadamente, es efímera; aunque sí haya una comunicación auténtica y un cumplimiento cabal de los dictados de lo orgánico. Efímero, sí, pero no por ello menos importante que otras formas de conocimiento: por una razón superior están en nuestra dotación genética los recursos para acceder a estos misterios. Esta forma de conocimiento, reconocida como tal por diversas tradiciones desde tiempos antiguos, alumbra el instante en que algo se nos revela a los sentidos: pero, por instantánea, esta revelación pide continuarse mediante la experiencia reiterada, sostenida, del acto de deseo. Así es como el deseo es luz que ilumina zonas de nuestra naturaleza que de otro modo permanecen oscuras, es así como el deseo revela a través los procedimientos a los que nos mueve mediante la expansión del yo y su propensión a lo sensitivo. De allí el nombre del poemario.

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El libro está estructurado en forma de crescendo, dividido en dos partes: en la primera se privilegia al amor como una comunión del hombre con su semejante. Se va de su ausencia, de su nostalgia, hasta el dichoso encuentro de los amantes. Y trata también del descubrimiento del hombre del poder de su propia sexualidad a través de la exploración del cuerpo en ese llamado de la naturaleza. Para terminar en la aceptación del rito sexual como una vigorosa forma de investigar -una de muchas otras- el estar en el mundo, el mundo de los seres sexuados; disfrutando de la plenitud que esto representa.

En la segunda parte del libro, y partiendo de este pacto ya hecho con el lector, propongo una celebración del erotismo dichoso a través de un lenguaje que apela a mundos de efectismo y sentido vitalista de la lo humano en los que dolor y angustia se encuentran excluidos. Ello desde construcciones fragmentadas y con campos no determinados para incentivar la participación activa del lector; por ello los poemas de esta sección están construidos con viñetas, entre las que el lector puede insertar sus propios fragmentos, de acuerdo al deseo de su fantasía.

Son 20 poemas en total; de los cuales todos los de la primera sección han aparecido en revistas literarias impresas y virtuales de México, así como en algunas extranjeras, desde el año pasado, y se pueden encontrar fácilmente en la web. Los de la segunda sección permanecen todavía inéditos. El poemario obtuvo un premio literario por parte de la Universidad de Guanajuato: el premio Espiral 2012, recibiendo buenos comentarios a cargo del jurado calificador integrado por especialistas de la ciudad. Del libro he hecho dos lecturas públicas: una en la ciudad de Guadalajara el año pasado para un colectivo de escritores nuevos, y otra recientemente en Guanajuato, México, ante un público de estudiantes universitarios. Ésta es la pequeña historia detrás del libro que pronto será editado en papel y del que espero conozcan más con motivo de su lanzamiento comercial.

De la segunda parte del libro les presento ahora a los lectores de Medios y Redes dos poemas, para que puedan criticar cabalmente la cristalización de su propuesta conceptual y de estilo, esperando sea ésta de su agrado.

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PALABRAS GERMINALES

1

Abrázame con la camisa llena de sudores.

Y déjame sentirme extraviado

adentro de mis ojos, en el negro profundo,

donde la única luz sea ésta, incompresible, amada luz

que dicta los latidos de mi entraña: tú.

2

Llévame a tu casa. Y átame allí a tu mástil

sin dejarme oír nada más que tu voz.

No quiero reconocer más tacto que el tuyo.

Hechízame con un cántico de centellas.

Aliméntame de racimos morados y saliva.

3

Yo he de acudir siempre a tu llamado de urgencia.

Magma sonoro cuajado de dulces mortificaciones,

muéstrame tus atributos.

Cerveza para la sed de este viajero,

entrégate ya.

4

Soy algo que tiembla bajo tu nombre.

Soy quien pondría el jarrón de tus almíbares

en la copa del árbol más alto, una cascada

de plumas líquidas queriendo detenerse en tu ombligo.

Tú eres el goce natural y regalado

del baño tibio y la succión del pene.

5

Hagamos de la tarde confeti

y que éste llueva en cada celebración de las horas.

Ensayemos en todas las posiciones el amor:

que siempre sea el encuentro

y jamás la despedida.

Siempre un nuevo encuentro de fulgores

sobre las zonas aún vírgenes de la piel.

 

CANTO EN VOZ BAJA

1

Me derramo por ti,
arrastrándome como un río lodoso siempre a tus pies,
que lamo ceremoniosamente.

Hay tanto tuyo que no sabes que vive en mí:
tantas de tus estrellas dibujadas en mi espalda,
ascuas de nuestros besos ardiendo
como luceros en el camino de dos,
perfumes de tu ropa en cada bandera invisible del día.

2

Hoy es la fiesta de la inseminación.
Hacia ella voy de tu mano;
nos detenemos sólo para compartir el humo,
de boca a boca, de nuestro cigarro inacabable.

Ya viscosos, ya en delicuescencia,
experimentaremos todo cambio y morfología.

3
Tatúa como ayer tu boca en la mía;
cose tu piel en mi piel. Vivamos
unidos por la médula de los placeres eléctricos,
por el corazón que bombea a borbotones
el incendio de la sangre; en simetría perfecta.

Y que la cama sea como un templo
en donde rindamos culto a nuestro cuerpos trenzados
como sol y luna en el eclipse.

4

Chisporroteo de alegría si te siento encima de mí.
Bulle el tuétano. Hierve la sangre.

 

Ardo bajo tu tacto, pequeño sol,
fogata que es un corazón ardiendo en la mitad de la alcoba.