«Adoro mi jardín».

Así arranca esta sorprendente novela de Mary Annette Beauchamps, escritora nacida en Australia en 1866 y educada en Inglaterra. A los 24 años se casa con el barón von Arnim, de quien adopta el apellido. Con él se traslada a su mansión en la región germana de Pomerania, zona situada casi en el litoral báltico. A lo largo de su vida llegó a publicar más de veinte novelas y una autobiografía, entre otros «Abril encantado» o «Todos los perros de mi vida». E. Von Arnim es prima de la escritora Katherine Mansfield.

Pomerania es el ambiente en el que se desarrolla «Elizabeth y su jardín aleman», primera novela de la autora que en su momento tuvo veintiuna reediciones en 1898, año en que se publicó. Sus 198 páginas son una descripción alegre y sencilla de la felicidad, articulada a modo de diario autobiográfico. Aunque está escrita con delicadeza, las ideas que laten en el libro fueron rompedoras en aquellos tiempos. Von Arnim hace una crítica sutil a las estrictas normas sociales de la época, así como una clara reivindicación de la libertad. Las referencias a la figura prusiana de su marido como «el Hombre airado» son una prueba de ello. Rodeada de la vegetación de la distintas estaciones del año, Elizabeth se siente libre, juega con sus tres hijas, mantiene agradables conversaciones con sus invitadas Minora e Isais. Allí contempla, reflexiona, lee y es feliz.

Contrapone el amor a la naturaleza, materializada en un jardín rodeado por maizales y praderas a la rigidez de algunas costumbres y al mundo artificial. A lo largo del libro va aprendiendo a cuidar sus preciadas flores, dándoles personalidad propia a las distintas especies. » Me gustan los tulipanes más que ninguna otra flor de primavera; son la personificación de la alegre jovialidad y de la gracia más pura, y junto a un jacinto parecen una saludable jovencita recién bañada al lado de una gruesa señora que a cada movimiento vaya dejando el aire impregnado de pachuli…../Se dice que son arrogantes y ostentosos, pero a mí me parecen la encarnación de la gracia más modesta, siempre tan dispuestos a disfrutar de la vida tanto como puedan y sin temer mirar de cara al sol o a culquier otra cosa más alta que ellos«.

Libro sin grandes pretensiones pero agradable de leer, original en su planteamiento y por las ideas que la autora desliza, muy suavemente, entre descripciones de girasoles, amapolas y arbustos de lilas. Propuesta de lectura muy apropiada para disfrutar más aún de la primavera que está a punto de aparecer.

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Este párrafo constituye buena parte de las filosofía vital de Elizabeth von Arnim «Tomamos el té sobre el césped, al sol, y cuando empezó a hacerse tarde y las niñas se fueron a la cama, y todas las pequeñas anémonas se cerraron para pasar la noche, me quedé vagando por los verdes senderos con el corazón henchido de gratitud«.

Elizabeth y su jardín alemán

Elizabeth von Arnim

Lumen, 2008