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Diez años hemos tenido que esperar para que James Cameron volviera a hacer cine. Y visto lo visto, en estos 10 años no ha estado precisamente de vacaciones, sino que realmente se ha currado una película que probablemente sí que marque un antes y un después en la historia del cine.

En Avatar, Cameron explota al máximo su talento inigualable en la vertiente técnica del cine. Su cine es altamente descriptivo, muy visual, y es capaz de cascarse secuencias larguísimas que, sin ser gratuitas, no tienen un peso específico importante en el desarrollo de la historia.

La mayor parte de Avatar es así, un paseo turístico que va mostrando poco a poco el universo que  Cameron ha imaginado y ha plasmado en la pantalla. Y es maravilloso. Todo, absolutamente todo, son efectos digitales que no cantan por ningún lado porque la conjunción entre todos los elementos, las texturas, las diferentes criaturas y los personajes (digitales o no) es total y absolutamente perfecta.

A cada minuto pone la carne de gallina porque todo lo que estamos viendo és precioso, es sorprendente y no es que parezca real, es que por mi madre que es totalmente REAL. Sobretodo los alienígenas y los avatares, quiénes tienen una expresividad y un hacer tan humanos y una conexión  tan cercana con el público hasta el punto que te olvidas de que son generados por ordenador. Hasta te olvidas de que son extraterrestres o actores que interpretan bichos, porque simplemente pasan a ser seres vivos. Y esto es la película y esto puede que sea el cine a partir de ahora.

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Yo no lo defiendo del todo, ahora mismo me gusta como capricho per no para comer cada día. Porque precisamente el único “pero” que soy capaz de ponerle a Avatar y a James Cameron es la exagerada sencillez de la historia. Simplemente va de lo malos que somos los humanos cuando queremos conseguir un beneficio (ya sea petróleo o un mineral alienígena que genera la hostia de energia), capaces de destruir espacios preciosos y aniquilar pueblos sólo por dinero. Y quiénes son los buenos? Pues los cuerdos que quieren aprender en vez de sacar provecho material y el más tonto de todos, que es el que acaba siendo el gran héroe y el líder de todo. Muy típico, vamos.

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El fallo es que la historia de Avatar carece de la trascendencia de Terminator o de la emotividad de Titanic. Por esto creo que James Cameron es como un campeón que después de retirarse vuelve a lo grande, queriendo ser el mejor. Lo que pasa, quiero pensar, es que se ha oxidado un poquitín y que sólo necesita tener un guión entre manos que cuente algo más que un cuento de moral fácil. De momento, pero, tenemos este prodigio de talento técnico y visual que es Avatar para gozar de este nuevo horizonte que James Cameron ha abierto por y para el cine.

Muchísimas gracias.

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