Los países en vías de desarrollo se enfrentan a un panorama alarmante en el que la escasez y el aumento de precios de los fertilizantes están generando una creciente vulnerabilidad, especialmente ahora que ha comenzado la temporada de siembra. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha emitido recientemente una advertencia sobre el riesgo de que estos problemas, combinados con la incertidumbre provocada por el fenómeno de El Niño, forjen un aumento peligroso en la inflación de los alimentos, similar al experimentado durante la pandemia de COVID-19.
La crisis comenzó el 28 de febrero, cuando un conflicto bélico entre Israel y Estados Unidos e Irán desencadenó ataques que afectaron directamente el paso marítimo estratégico del estrecho de Ormuz, vital para el transporte de fertilizantes y otros insumos agrícolas. Ante esta situación, el presidente de Estados Unidos ha establecido un bloqueo en esta zona, lo que complica aún más el acceso a los recursos necesarios para la producción agrícola en los países más necesitados.
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, destacó que «el reloj no se detiene», enfatizando que los calendarios de siembra colocan a muchos países en una fase de crítica vulnerabilidad. Su llamado a la acción se entronca en la necesidad de evitar una menor producción agrícola y la consiguiente subida de precios de productos básicos, algo que podría tener efectos devastadores el próximo año.
Aunque en marzo el índice de precios de los alimentos se mantuvo relativamente estable gracias a la buena cosecha de cereales, la presión económica comienza a ascender y se espera que se intensifique en mayo. Los agricultores enfrentan decisiones críticas sobre si cambiar sus métodos de siembra, lo que podría reducir la producción alimentaria global en favor de los biocombustibles, dada la alta demanda energética.
David Laborde, director de la División de Economía Agroalimentaria de la FAO, reconoció la actual crisis de insumos y expresó la urgencia de actuar para evitar que se convierta en una catástrofe. La organización pidió a todos los gobiernos que reconsideren sus políticas sobre biocombustibles y eviten restricciones en la exportación de fertilizantes y energía.
Si la situación en el estrecho de Ormuz no se normaliza rápidamente, se sugieren medidas proactivas, como solicitar la colaboración de instituciones multilaterales, para asegurar financiación a los países que podrían quedarse sin acceso a insumos agrícolas esenciales. Torero subrayó la posibilidad de utilizar recursos del Fondo Monetario Internacional para facilitar una respuesta efectiva y rápida.
Según la FAO, entre el 20% y el 45% de las exportaciones de insumos agroalimentarios dependen del tránsito por el estrecho de Ormuz. Los riesgos son palpables, ya que una reducción en el uso de fertilizantes podría desembocar en bajos rendimientos que impacten en la producción de este año y del siguiente, lo que a su vez provocaría un aumento de precios en los productos alimenticios durante un periodo prolongado.
Con márgenes de ganancia cada vez más ajustados, la situación global del suministro de alimentos se encuentra en un punto crítico que podría empeorar en el tiempo. Torero hace un llamado a los gobiernos, afirmando que el bloqueo en el estrecho de Ormuz es un asunto que puede ser resuelto políticamente, y que la magnitud de los riesgos actuales supera ampliamente a los del año pasado. El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha instado a todas las partes involucradas en el conflicto a respetar la libertad de navegación en el estrecho, en conformidad con el derecho internacional, a fin de garantizar la seguridad alimentaria global en estos tiempos inciertos.
Fuente: ONU noticias Salud


