‘El Origen del Planeta de los Simios’, la elección natural

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El final de El Planeta de los Simios con Charlton Heston gritando “¡yo os maldigo!” ante la caída Estatua de la Libertad es uno de los finales más impactantes de la historia del cine no sólo por las respuestas que da en solamente un plano, sino por los interrogantes que plantea. ¿Qué ha podido pasar para que los simios, el eslabón evolutivo anterior al hombre, dominaran el planeta? ¿Ha sido culpa del hombre? ¿Cómo han llegado los simios a ser tan inteligentes o más que las personas? ¿Han sido ellos los responsables de la extinción de la raza humana? Dejar libre albedrío a la imaginación de los espectadores de una forma tan enfocada es la mayor virtud de culto de Franklin J.Schaffner y de cualquier relato que con la sugerencia implícita consigue perturbar más que con la explicación subrayada.

La idea de una precuela de El Planeta de los Simios no resulta atractiva porque dar una explicación a todos estos y a más interrogantes rompe el encanto de la historia original, la que sorprendió al mundo entero. Sin embargo, El Origen del Planeta de los Simios asimila el reto con total naturalidad, hace de la dificultad un aliado y del conocimiento previo del final una baza para construir una historia con sentido propio en la que todavía hay espacio para el guiño a su antecesora. Ésta es a todas luces una precuela ejemplar porque no se ha escrito sola ni es un trámite para satisfacer a los curiosos para saber como Caesar se alza como el líder de los simios e inicia una rebelión contra los humanos, porque la película no va de esto.

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De hecho, El Origen del Planeta de los Simios es una epopeya pseudopacifista, en el sentido que la segregación de dos bandos se diluye en un cúmulo de buenas intenciones (aunque, claro, hay algún villanito de por medio) que por simple oposición natural desembocan en una batalla campal entre unos hombres acostumbrados a ser la especie hegemónica y unos simios que justamente por obra y gracia del ser humano han sido dotados con las herramientas para ser considerados como a iguales. Caesar es el único que lo entiende y el motivo de su lucha responde a una elección natural, la de querer prosperar con los suyos porque por capacidad y por derecho ya no pueden ser sumisos de los hombres nunca más.

El plano con Caesar y Will (James Franco) mirándose como iguales por primera vez es sencillamente maravilloso (el logro de WETA Digital con la caracterización de Caesar supera, de largo, la de los Na’vi de Avatar) y la síntesis perfecta de una película nada tendenciosa cuyo protagonista principal es la naturaleza y cuya línea argumental es el caos, el azar, los accidentes y también las decisiones humanas que conforman en lo que siempre ha escrito la historia del mundo. Y no es una guerra por la supremacía, sino la selección natural.

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