El maestro

Hoy quiero hablar de un autor de CF y hacerlo no me cuesta en lo absoluto. Podría elegir entre docenas de candidatos, pero tengo que elegir uno sólo. Y eso si que resulta difícil. Al final la elección me resulta asombrosa a mi mismo, sin embargo, esta completamente cargada de razones.
En medio de la guerra civil que sucedió a la revolución de octubre, mientras Trosky se encontraba a punto de derrotar a los militares del viejo régimen y Lenin implantaba el que había sido su lema de «Todo el poder a los Soviets», nacía en Petrovichi, una pequeña ciudad a 400 Km. al sudoeste de Moscú, el que sería el mayor de los tres hermanos Asimov : Isaac. Poco más de tres años después la familia abandona el país y emigra a Los Estado Unidos. No podemos decir que en la literatura de Isaac Asimov exista ningún vestigio de influencias rusas; el es, para todos los efectos, un norteamericano.

Pero aquí no tengo la intención de hacer una reseña biográfica del autor, que de esas ya hay varias y muy buenas. Hablaré más bien de la profusa y a mi entender bastante mediocre producción literaria de este autor.

Isaac Asimov es un producto del boom de las fanzines de CF, la posteriormente denominada Edad de Oro de la Ciencia Ficción, que se vivió en los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX. O, tal vez, es al revés Isaac Asimov, probablemente tuvo bastante que ver en que ese boom se produjera. Su primer cuento editado se publica precisamente en uno de estas revistas: Amazing Stories. Se trata de Marooned of Vesta (Abandonado fuera de Vesta 1939). El estilo es lineal, prácticamente infantil, y los personajes simples caricaturas de lo que a mi se me antojan una especie de cowboys espaciales, pero los 64 dólares (de 1939) que su venta le reportó al jovencísimo Asimov fueron de buen seguro el mejor estímulo que este necesitaba para convertirse en el asiduo escritor en el que se convirtió.

En algún lugar leí la aseveración de que la CF no es una literatura de personajes sino de que lo es de las ideas. Aunque no se puede decir que comparta esa atrevida afirmación una cosa es indudable: sin buenas ideas no hay CF. No importa lo bien que este desarrollado el argumento ni lo brillantemente expuesta que quede la psicología de los personajes más profundos que se puedan imaginar, si detrás de todo ello no hay una buena idea… una idea brillante, no estamos frente a buena CF. Y de eso, de ideas brillante y originales estaba Asimov lleno a rebosar. Tanto así que me he sentido en la obligación de que este fuera el primer autor que trato de forma monográfica (y no porque empiece por «A», como me hizo ver mi esposa).

Durante 53 años Issac Asimov nunca dejó de publicar, de hecho en sus últimos años de vida mantuvo un febril ritmo de trabajo con casi un nuevo libro en la imprenta cada mes. Aunque su obra de CF no representa ni tan sólo el 20% de su bibliografía, la ley de los grandes números la convierte en una de las colecciones más importantes de un autor, y está llena de ejemplos paradigmáticos dentro del género.

La Trilogía de la Fundación es uno de esos ejemplos sin los cuales no es posible hablar de CF. Estos libros son en realidad una recopilación de cuentos aparecidos durante los años ’40 y ’50 del siglo pasado en el fanzine Astounding -dirigido por John Campbell, gran amigo de Asimov- la idea totalmente original de la decadencia de un gran imperio de alcance galáctico, la elaborada descripción de la psicohistoria como disciplina científica totalmente plausible, unos personajes fuertes y claros (aunque, todo se ha de decir, nada profundos) aparecieron como una auténtica revelación divina que ha servido de inspiración a innumerables autores -tal vez el más claro exponente de esto consista en la saga de Star Wars, innegablemente asimoviana- del género.

Los propios dioses es otra pieza que no puedo dejar de considerar. Editada en 1972 por un Asimov maduro y equilibrado arrasa en todos los certámenes y cosecha los más prestigiosos premios. Posiblemente formaría parte de mi lista de las 10 mejores novelas de CF… si de realizar tal lista fuera capaz algún día.

Asimov era un hombre de ideas claras y distintas que siempre eran expuestas de forma directa y entretenida, así que cuando en 1986 la SFWA le concede la distinción de Gran Maestro Nébula no hacían otra cosa que un acto de justicia y, sin lugar a dudas, sincera admiración.

Finalmente, no quiero dejar a un lado la labor de Asimov como antologista. Sus recopilaciones de relatos de CF resultan deliciosamente equilibradas y sus comentarios exquisitos y llenos de un humor inteligente y acertado.

Asimov Esencial:

La Trilogía de las Fundaciones:

  • Fundación
  • Fundación e Imperio
  • Segunda Fundación

Otras Novelas:

  • Los propios dioses
  • El fin de la eternidad

Libros de relatos:

  • Yo robot
  • El hombre del bicentenario y otras historias
  • Sueños de robot
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