Mijaíl Lérmontov ( 1814-1841) es considerado el máximo representante del Romanticismo ruso, junto con Pushkin, y de la poesía romántica revolucionaria. Poeta, dramaturgo y novelista. Su contemporáneo Gógol dijo de él ” Nadie ha escrito nunca un ruso tan conciso, bello y fragante”.

El héroe de nuestro tiempo , publicada por primera vez en 1840, se convertirá en la literatura rusa en la primera experiencia de novela social, psicológica y filosófica, dando paso al realismo de Dostoievski y Tolstói.

Lérmontov en la introducción de la novela explicita su intención, “es un retrato, pero no de un hombre individual: es el retrato compuesto de los defectos de toda nuestra generación, desarrollados hasta sus últimas consecuencias“. La interioridad de un ser humano recoge la de todos, la de una época.

La sensibilidad poética del autor se refleja en su cuidada estética, prosa adornada con líricas y bellas expresiones que logran acariciar nuestra fibra emotiva y deleitar al lector con su maestría en el uso del lenguaje. Novela de estilo realista por la minuciosidad en la descripción de los paisajes, nos lleva a imaginar el atractivo exótico y exuberante del Cáucaso; la caracterización de los personajes , y por las costumbres y la sociedad vislumbradas en el trasfondo de la historia.

De original estructuración, provocando dinamismo y agilidad a la trama, se compone de cinco cuentos: Bela, Maksím Maksímych, Tamán, La princesa Mery y El Fatalista. Pequeñas historias enlazadas en las que participan personajes de diferentes clases sociales y cuyo eje central será el protagonista, Pechorín, perfilado por diferentes narradores, con el consiguiente cambio de perspectiva y punto de vista: dos narradores testigos, un desconocido que realiza un viaje y se encuentra al segundo narrador, Maxim Maxímich, camarada veterano y paternal, que relata la historia de su amigo Pechorín, cuya frialdad contrasta con el carácter cariñoso del primero. En una segunda parte el narrador es el propio protagonista, a través de retazos de su diario, mostrándose al desnudo. Este modo de narrar requiere la participación del lector, pues la personalidad de Pechorín se presenta fragmentariamente y seremos nosotros quienes vayamos construyendo su ser.

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¿ Y quién es Pechorín? Resulta un desarrollo de Eugenio Oneguin, maravillosa novela de Pushkin, la encarnación del llamado ” hombre superfluo”. Nada ni nadie cala en él, a excepción del cansancio, hastío y aburrimiento. Sufre un sentimiento existencial semejante al spleen de los modernistas europeos. Se siente vacío a pesar de todos los intentos de disfrutar de la vida mundana y sus placeres, de las mujeres, del estudio, para terminar siempre en el puerto del desencanto, de la decepción, el escepticismo y la frialdad emocional, ” ¿Para qué he vivido, con qué objetivo nací?” No encuentra sentido a la sucesión de sus días. En su defensa, él mismo sufre, y desde luego, hace sufrir, causando la desgracia de quienes le rodean.

Un mito maldito que llevado por su egocentrismo se burla y divierte a costa de los demás, ya sean hombres o mujeres, ” yo me río de todo, en especial de los sentimientos”. Amante del juego de la seducción, gusta de ejercer su poder sobre las mujeres y enamorar, anhela ser amado,” mi amor no ha dado a nadie la dicha porque no he sacrificado nada por quienes amaba; amaba para mí mismo, para mi propio placer, me limitaba a satisfacer una extraña exigencia del corazón…sin lograr

saciarme nunca”.

A veces su corazón está a punto de rendirse, como ocurre con Mary, pero su miedo al compromiso, y tal vez su escepticismo, le impulsa a provocar odio y huir. En este rasgo coincide con nuestro mito de Don Juan, como burlador de mujeres y desafío a la sociedad y a la propia muerte.

De telón de fondo, la sociedad y su tiempo. En escena, su héroe, porque: ¿Dónde la razón de su mal? ¿ Acaso no es difícil vivir con tal cúmulo de dones? ¿ Quién envidia su suerte?

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  • Interesantísimas tus aportaciones, me estoy apuntando todos los nombres 🙂

  • Isabel Mallen

    ¡Qué buen título!, lo conocía de oídas, es otro libro pendiente de leer, y un escritor moderno precisamente por recoger la interioridad del ser humano con esa envergadura. Muy curioso el tema de los narradores y ¡qué bien explicado! Ana.

  • Julián Fuentes

    Paradigma del poeta romántico Lermontov. Muere a los 26 años y como consecuencia de un duelo (como Pushkin). El vehemente jovencito se transforma con el paso del tiempo (no mucho, según acabamos de ver) en hombre desencantado y cínico. Suele suceder. Pero me parece que la apatía es sólo una máscara que el hombre sensible se suele colocar para mitigar algo su dolor (sin conseguirlo, lógicamente). Ana ¿para cuando Chejov o Pushkin?

  • Ana Alvea

    Sí, un verdadero romántico. Son muchos quienes me han comentado que el personaje puede tener rasgos del propio autor. Sí, yo también lo creo, pero en las reseñas me limito al texto. Pudiera ser lo que dices de la apatía, pero yo no reprocharía esa actitud ni su escepticismo o desencanto, sino su crueldad con los demás, egoísmo o desconsideración.

  • Guillermo Feo Calcaño

    Leí su novela muy joven y hoy a mi avansada edad no la he podido olvidar. Un genio de la narración romántica de su tiempo. ¡Pechorin! cuanta genialidad psicológica.