El uso de combustibles fósiles ha llevado al mundo a un sistema energético insostenible, acusando graves consecuencias en la vida del planeta debido al cambio climático. Ante esta crisis, las energías renovables emergen como una solución viable, aunque también enfrentan desafíos significativos derivados del calentamiento global. Los expertos sugieren que se requieren nuevas estrategias para maximizar el uso de estas fuentes de energía y garantizar su futura generación.
A pesar de los obstáculos planteados por la crisis climática, se han observado avances en el desarrollo de energías renovables. Los paneles solares están comenzando a ocupar desiertos, las turbinas eólicas se instalan en costas, y se han construido presas hidroeléctricas para aprovechar ríos caudalosos y generar electricidad limpia. Sin embargo, la producción de energía renovable está cada vez más influenciada por las condiciones meteorológicas, lo que hace que el cambio climático se convierta en un factor crítico que amenaza su viabilidad.
El año 2023 ha sido testigo de una notable volatilidad climática que ha impactado negativamente la producción de energía renovable en diversas regiones del mundo. Con temperaturas superiores a 1,45 °C en comparación con la era preindustrial y la transición de La Niña a El Niño, se han visto alterados patrones de precipitación, viento y radiación solar. Hamid Bastani, de la Organización Meteorológica Mundial, destacó el caso de Sudán y Namibia, donde la producción hidroeléctrica se redujo en más del 50% debido a la inusitada escasez de lluvias.
En Sudán, la precipitación alcanzó apenas 100 milímetros en 2023, menos de la mitad de la media nacional, una situación alarmante para un país cuya electricidad proviene en un 60% de la energía hidroeléctrica, afectando a una población en crecimiento de aproximadamente 48 millones de habitantes. A su vez, la energía eólica también ha mostrado vulnerabilidades ante las variaciones climáticas. En China, por ejemplo, que alberga el 40% de la capacidad eólica terrestre del mundo, la producción solo creció entre un 4% y un 8% en 2023 debido a anomalías del viento. En India, los monzones débiles redujeron la output de energía, mientras que algunas regiones en África experimentaron caídas aún mayores en su generación eólica.
Por otra parte, Sudamérica ha tenido un desarrollo positivo en la producción solar. Países como Brasil, Colombia y Bolivia han visto incrementos del 4% al 6% en su generación de energía solar, atribuidos a cielos despejados y radiación solar elevada. Este incremento traduce un incremento de aproximadamente tres teravatios-hora, suficiente para abastecer a más de dos millones de hogares durante un año.
El diseño de infraestructuras energéticas actuales, sin embargo, se basa en patrones climáticos históricos, lo que las hace susceptibles a futuros cambios. Roberta Boscolo, de la OMM, advierte que para la energía hidroeléctrica, cada vez más dependiente del deshielo, el futuro se presenta sombrío en áreas donde disminuirá la disponibilidad de agua. Asimismo, eventos climáticos extremos pueden amenazar la operatividad de centrales nucleares, ya que las olas de calor y el descenso de ríos pueden provocar problemas en su refrigeración.
Frente a estos desafíos, la integración de la llamada «inteligencia climática» se vuelve esencial, considerando condiciones meteorológicas futuras a la hora de planificar la generación de energía. También se menciona la creciente importancia de la inteligencia artificial para optimizar la planificación energética, como se ha visto en proyectos en Costa Rica y Chile que utilizan modelos basados en IA para prever el viento y gestionar las tasas de evaporación en embalses, respectivamente.
Además, se subraya la necesidad de diversificar las fuentes de energía para evitar riesgos asociados a cambios climáticos estacionales o a largo plazo. El fenómeno conocido como «dunkelflaute», que concierne a periodos extensos de baja producción solar y eólica, resalta la necesidad de financiar un sistema energético más robusto.
De cara al futuro, se hace evidente que el desarrollo de energías renovables es fundamental. Los retos que plantea el cambio climático exigen una planificación y unas infraestructuras que sean resilientes y adaptativas. Integrar la inteligencia climática y aprovechar los avances tecnológicos es clave para asegurar un futuro donde la energía sea accesible y sostenible, cumpliendo no solo con las demandas actuales, sino también con las futuras.
Fuente: ONU últimas noticias