Nueve años han pasado desde la llegada de Roman Abramovich al Chelsea inglé. Lo hizo con la mente puesta en hacer un equipo campeón y lograr para el equipo londinense la Champions League. En el camino han quedado una gran cantidad de fichajes, entrenadores y más de novecientos millones en fichajes gastados, pero al final el magnate ruso ha logrado su objetivo, poder levantar la Champions League, y no contento con esto, ahora amenaza con crear un nuevo Chelsea capaz de repetir el título.
El conjunto de Londres planteó la final como había hecho contra el Barcelona, replegados atrás y a la espera de pillar una contra, sabiendo que el Bayern Munich era superior técnicamente a ellos. A la mayoría de los aficionados esta forma de jugar puede ser que no sea de su agrado, pero es totalmente válida, sobre todo si sirve para levantar el trofeo más prestigioso a nivel de clubes.
El sistema de Di Matteo funcionaba en la parcela defensiva, donde no dejaba a los alemanes llegar con claridad, pero tampoco eran capaces de crear claras ocasiones de gol.
En el minuto 83 de partido Muller fue capaz de batir la portería de Cech. En ese momento todos daban ya como vencedor al conjunto alemán, pero cinco minutos después, Drogba remataba un saque de esquina sacado por Mata para alojar el balón dentro de la portería. Con el empate a uno se llegó al final del tiempo reglamentario.
En el tiempo extra, el conjunto alemán pudo adelantarse de penalty, pero el lanzamiento de Robben fue atajado por Cech. Pocas oportunidades más tuvieron los dos equipos que buscaban la tanda de penaltis para determinar el campeón.
Ahí la suerte estuvo de lado inglés, la misma suerte que le privó hace unos años del título frente al Manchester United.
El Chelsea amplía la familia de equipos que disponen en su vitrinas de una Champions League, y de esta forma se convierte en el rival del Atlético de Madrid para lograr la Supercopa de Europa en el mes de agosto.