La participación de los adultos en educación y formación ha ido en aumento en la Unión Europea, alcanzando un 13,7 % en 2025, un incremento notable desde el 10,1 % registrado en 2015. Este crecimiento ha sido constante a lo largo de los años, salvo un descenso temporal en 2020, probablemente vinculado a las medidas de contingencia impuestas por la pandemia de COVID-19.
Dentro de los países europeos, Suecia se destaca con la mayor proporción de formación de adultos, alcanzando un impresionante 38,2 %. Le siguen Dinamarca, con un 31,0 %, y Finlandia, con un 28,1 %. Por el contrario, naciones como Grecia (5,2 %), Bulgaria (6,1 %) y Croacia (6,5 %) presentan los niveles más bajos de participación en este ámbito.
El crecimiento en la participación en el aprendizaje entre adultos ha sido notable en casi todos los países de la UE en comparación con 2015. Malta lidera este crecimiento absoluto con un incremento de 12,3 puntos porcentuales, seguida de Estonia (11,9 pp), Bélgica (11,1 pp) y Eslovenia (10,9 pp). Sin embargo, hay excepciones, como Francia, que ha visto una disminución de 3,1 puntos porcentuales, así como Luxemburgo y Dinamarca, que también reportaron ligeras caídas.
En términos de género, las mujeres sobresalen en la participación en programas educativos y formativos, con una tasa del 14,9 %, frente al 12,4 % de los hombres. Durante el periodo de 2015 a 2025, la tasa de participación de las mujeres creció más rápidamente, aumentando en 4,0 puntos porcentuales, en comparación con el aumento de 3,2 puntos porcentuales en los hombres.
La participación en el aprendizaje también varía según el grado de urbanización. Los adultos que residen en ciudades tienen mayor probabilidad de participar en actividades educativas, con una tasa de 16,8 %, en comparación con el 12,3 % de los que viven en pueblos y suburbios y el 10,3 % de los residentes en áreas rurales.
El monitoreo de estos datos se presenta como un argumento a favor del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4, que busca garantizar el acceso a una educación de calidad para todos en todas las etapas de la vida. Este objetivo enfatiza la necesidad de aumentar el número de jóvenes y adultos que cuentan con las habilidades adecuadas para el empleo, trabajos dignos y el emprendimiento, alineándose con los valores de inclusión y calidad educativa que promueve la Unión Europea.


