Con motivo del Día de la Dislexia, celebrado el 8 de octubre durante el mes de concienciación sobre esta condición, GSD Educación ha puesto de relieve una problemática que afecta a numerosas familias: las dificultades que algunos niños enfrentan al aprender a leer y cómo estas pueden afectar su confianza y motivación.
Aprender a leer no es un desafío uniforme para todos los niños. La dislexia, definida como una dificultad específica del aprendizaje, complica la adquisición y automatización de habilidades vinculadas a la lectura y escritura. Esta condición puede manifestarse de diversas formas, desde la dificultad para reconocer palabras con fluidez hasta la incapacidad para escribirlas correctamente. Un aspecto fundamental a resaltar es que la dislexia no implica una reducción en el cociente intelectual ni es consecuencia de una falta de esfuerzo. La International Dyslexia Association, en una revisión reciente, subraya la relevancia de la identificación temprana y el apoyo educativo, enfatizando que no es necesario esperar a que un niño fracase para empezar a intervenir.
La frustración puede surgir rápidamente al observar que leer requiere un esfuerzo desproporcionado en comparación con sus compañeros. Según Gustavo Pita, director de Educación de GSD Cooperativa, esas experiencias de dificultad pueden erosionar la confianza de un niño en sus habilidades, alejándolo del mundo de los libros. «Cuando uno tiene éxito sigue y cuando hay experiencias de fracaso repetidas, abandona», comenta Pita. Esta desmotivación puede tener consecuencias más amplias, dado que la lectura es fundamental para el desarrollo del vocabulario y el aprendizaje en general. La definición actual de dislexia reconoce que, si no se aborda adecuadamente, puede haber una menor experiencia lectora y dificultades de comprensión que afecten las oportunidades académicas de los niños.
A pesar de que la ciencia ha avanzado en el entendimiento de cómo se aprende a leer y las estrategias de enseñanza efectivas, este conocimiento no siempre ha llegado a las aulas. Héctor Ruiz Martín, investigador en psicología cognitiva del aprendizaje, enfatiza que la información sobre la enseñanza de la lectura ha permanecido en un ámbito cerrado, sin penetrar en la formación docente de manera efectiva. GSD Educación está trabajando en un proyecto titulado «Enseñar a Leer con Ciencia» que busca implementar este conocimiento en las aulas desde los primeros grados de educación infantil y primaria, cuando se forman las habilidades esenciales para la lectura.
En los diez colegios que forman la red GSD, más de 150 docentes han participado en un diagnóstico inicial para identificar conocimientos y prácticas, seguido de la capacitación en métodos pedagógicos y revisiones de los recursos utilizados. Asimismo, los alumnos de primero y cuarto de primaria están siendo evaluados individualmente para detectar sus necesidades y medir su progreso en habilidades lectoras.
En este contexto, el rendimiento lector en España está siendo observado con preocupación. Los resultados de PISA 2025 muestran que España se encuentra por debajo de los promedios de la OCDE y de la Unión Europea en cuanto a lectura, con un descenso que se ha acentuado en los últimos años.
Por otro lado, las familias también juegan un papel crucial en el apoyo a los niños con dislexia. Ruiz Martín aconseja a los padres leerles desde pequeños, compartir historias y discutir lo que se ha leído. No obstante, advierte contra convertir la lectura en una obligación. Cuando surgen dificultades, es vital entender lo que le cuesta al niño y ofrecer la ayuda necesaria para que leer no se convierta en una experiencia frustrante. El objetivo es que todos los niños puedan disfrutar de la lectura y «sentirse lectores», asegurando que una dificultad inicial no marque su relación con los libros ni limite sus posibilidades de aprendizaje. La prevención y la intervención temprana son clave para facilitar la transición de aprender a leer a leer para aprender.


