En el décimo día del conflicto que ha desestabilizado Oriente Medio, las agencias de la ONU han reportado desplazamientos masivos de población junto con un incremento alarmante en los precios de alimentos y combustibles, lo que potencialmente puede agravar la crisis humanitaria en la región. Se estima que cerca de 700,000 personas en Líbano, incluidos aproximadamente 200,000 niños, han sido desplazadas de sus hogares, añadiéndose a los millones que ya sufrían las consecuencias de conflictos anteriores.
La escalación del conflicto ha sido evidente tras un fin de semana marcado por ataques aéreos intensivos por parte de fuerzas israelíes y estadounidenses en Irán, así como contra Hezbolá en Líbano. En los primeros ocho días de combates, se han contabilizado al menos 294 muertes y más de mil heridos en Líbano, y el sábado pasado, un solo ataque dejó 41 muertos en la localidad de Nabi Sheet.
Por su parte, las autoridades iraníes han informado que al menos 1,330 civiles han perdido la vida desde el inicio de la guerra, mientras que en Israel, unas 2,000 personas han resultado heridas y se han reportado muertes civiles a causa de misiles. Este conflicto no solo afecta a Líbano e Israel; también se han registrado daños en países vecinos como Baréin y Arabia Saudí.
Las crisis humanitarias no se limitan solo al número de desplazados y heridos. Tom Fletcher, representante de ayuda humanitaria de la ONU, ha advertido sobre el impacto a largo plazo de la guerra, señalando que naciones como Afganistán y Pakistán podrían sufrir repercusiones secundarias debido a la situación en Oriente Medio. Además, la atención global hacia crisis preexistentes en lugares como Sudán y Ucrania está disminuyendo, lo que genera preocupaciones sobre el futuro apoyo humanitario a estas regiones.
Uno de los efectos inmediatos del conflicto ha sido visible en el mercado global, donde se han experimentado un aumento significativo de los precios del combustible, dejando a las gasolineras preocupadas y reflejando la incertidumbre económica causada por la guerra. Las tensiones en el estrecho de Ormuz, a través del cual transita casi una quinta parte del petróleo mundial, han ocasionado paralizaciones en el comercio. Recientemente, varios marineros perdieron la vida debido a ataques en esta estratégica zona, elevando las alertas sobre la seguridad marítima en el área.
El Programa Mundial de Alimentos de la ONU también ha enfatizado los riesgos que el conflicto plantea para la seguridad alimentaria. Antes de la guerra, ya se habían registrado altos niveles de inseguridad alimentaria en países como Líbano y en Irán, donde muchas familias tienen una capacidad limitada para hacer frente a nuevas crisis. En Gaza, el cierre de los principales puntos de paso para la ayuda ha resultado en un aumento vertiginoso de los precios de alimentos esenciales, lo que plantea una amenaza inmediata para millones de personas vulnerables.
Con el conflicto en curso, la necesidad de corredores humanitarios se vuelve más urgente, ya que sin un acceso constante, las agencias de ayuda podrían verse obligadas a reducir significativamente las raciones alimentarias, exacerbando la situación de millones que dependen de la asistencia humanitaria para su subsistencia. A pesar de las dificultades, el PMA ha mantenido en operación su centro humanitario en Dubái e intenta abrir rutas a través de Turquía, Egipto, Jordania y Pakistán para poder continuar con la entrega de ayuda esencial.
Fuente: ONU últimas noticias