Este sábado marca un hito significativo en la protección marina, ya que entra en vigor el Tratado de Alta Mar. Este acuerdo, que ha sido respaldado por más de 80 países, busca regular y conservar las aguas internacionales, consideradas hasta ahora como «territorio sin ley». Las aguas internacionales, ubicadas a más de 200 millas náuticas de la costa, son el mayor hábitat del planeta y representan dos tercios de los océanos.
El tratado, tras dos décadas de negociaciones, establece un marco legal que facilitará la creación de áreas marinas protegidas, un paso crucial hacia el objetivo global de preservar el 30% de los océanos para el año 2030. En la actualidad, solo el 9,6% de las áreas marinas están protegidas, y apenas más del 1% de la alta mar cuenta con algún tipo de salvaguarda, a pesar de su vital importancia para la salud del planeta y la economía global.
Además de la creación de zonas protegidas, el tratado también refuerza los requisitos para las evaluaciones de impacto ambiental de las actividades que puedan afectar el ecosistema marino. Esto incluye la pesca, el transporte marítimo, la instalación de cables submarinos y la extracción de recursos. También promueve la transparencia y la cooperación científica, así como una distribución justa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos.
Mientras tanto, en Ucrania, la llegada del invierno representa un desafío crítico para millones de familias que enfrentan la guerra. Con la infraestructura energética devastada por ataques rusos, muchos hogares enfrentan la falta de electricidad y calefacción, lo que agrava la situación en medio de temperaturas bajo cero. UNICEF alerta sobre el impacto en la infancia, donde niños como Adina, de tres años, no pueden disfrutar de un baño caliente, y sus madres hacen lo posible para abrigarlos mientras buscan comidas calientes en la oscuridad.
La crisis humanitaria se extiende más allá de las zonas de combate, afectando a familias en áreas urbanas cuyas casas han sido dañadas por bombardeos. Para contrarrestar este frío mortal, se han establecido tiendas de emergencia que brindan alimentos y apoyo psicológico a quienes más lo necesitan.
En África occidental y central, la situación también es alarmante. El Programa Mundial de Alimentos advierte que, sin recursos y medidas urgentes, 55 millones de personas enfrentarán niveles críticos de hambre entre junio y agosto de 2026. Además, se prevé que más de 13 millones de niños sufran malnutrición en el mismo período. A pesar de que las cosechas han sido favorables, la violencia y la falta de financiación para apoyar a la población son factores que están causando un aumento en la inseguridad alimentaria en la región. Esto se refleja en que Nigeria, Chad, Camerún y Níger representan el 77% de la población en crisis, con 15.000 personas en riesgo de hambruna catastrófica por primera vez en casi una década.
Fuente: ONU últimas noticias





