La inteligencia artificial (IA) ha permeado todos los aspectos de la vida cotidiana, y su impacto es innegable, tanto en el ámbito personal como en el profesional. La preocupación sobre su desarrollo ha llevado a las Naciones Unidas a abogar por un enfoque que priorice a las personas. Durante una reunión reciente, el Secretario General de la ONU, António Guterres, subrayó que el futuro de la humanidad no debería depender de los «algoritmos en una caja negra» y enfatizó la necesidad de mantener la supervisión y control humano sobre las decisiones que impactan la vida de las personas.
Desde estas declaraciones, la ONU ha estado trabajando en establecer una gobernanza global que sea ética y centrada en el ser humano en lo que respecta a la IA, fundamentándose en las directrices del Pacto Digital Global. Dentro de este esfuerzo, se ha destacado la importancia de la educación. La ONU sostiene que es esencial preparar a estudiantes y docentes para un futuro en el que la inteligencia artificial jugará un papel central. Según Shafika Isaacs, responsable de Tecnología e IA en Educación en la UNESCO, el sistema educativo global necesitará alrededor de 44 millones de profesores para 2030, haciendo hincapié en que la educación no debe ser solo una cuestión técnica, sino una experiencia social y cultural.
Mientras tanto, el temor a la automatización sigue siendo un tema recurrente. Un estudio del Foro Económico Mundial anticipó que aproximadamente el 41% de las empresas planean reducir sus plantillas debido a la IA en 2025. Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo ha indicado que aunque se espera que uno de cada cuatro empleos se transforme por la IA, esto no necesariamente resultará en una reducción neta de trabajos, sino que generará nuevas funciones que combinen competencias humanas y capacidades tecnológicas.
La desigualdad en el acceso a las tecnologías de IA también es un punto crítico. Con un número reducido de gigantes tecnológicos liderando la investigación y desarrollo, la ONU advierte sobre el riesgo de que la brecha entre países y dentro de las sociedades se amplíe si no se garantiza un acceso equitativo a la IA. Las acciones de la ONU incluyen la promoción de políticas que aseguren que los beneficios de la IA sean compartidos por todos y no solo por los privilegiados.
En este contexto, la salvaguarda de los derechos humanos es fundamental. La ONU ha reiterado que cualquier avance en la IA debe respetar la dignidad y la inclusión, y la automatización sin regulación puede intensificar las divisiones sociales. En este sentido, la UNESCO ha publicado recomendaciones que sitúan los derechos humanos como la base esencial para la IA, enfatizando que cualquier herramienta que amenace la dignidad, igualdad o libertad debería ser restringida o prohibida.
Por último, la ONU ha hecho un llamado a la cooperación internacional para abordar el desafío de la IA. Es un tema que no puede ser resuelto en solitario por gobiernos o empresas; se requiere un diálogo entre todos los sectores para definir un camino hacia una gobernanza ética y efectiva de la inteligencia artificial. La situación en África es un claro ejemplo de estos desafíos, donde la infraestructura digital desigual puede limitar el potencial del continente. Sin embargo, con las inversiones adecuadas en datos locales y habilidades, la IA tiene el potencial de acelerar el desarrollo sostenible y ofrecer soluciones innovadoras que beneficien a todas las comunidades.
Fuente: ONU últimas noticias





