En los últimos días han aparecido varios rumores que apuntan a que la FIA podría organizar carreras de coches eléctricos, e incluso el extremo de «electrificar» los Fórmula 1. Aunque en anteriores artículos de opinión haya podido parecer lo contrario, yo soy partidario de los coches eléctricos, si bien considero que hasta dentro de unos años su implantación es inviable. No obstante, lo último que deseo es que se elimine el petróleo en la F1 y otros deportes de motor.
Entiendo la posición de la FIA: tarde o temprano el coche eléctrico será muy común entre nosotros, e incluso las carreras de coches propulsados por electricidad podrían tener su gracia. Pero la Fórmula 1 toda la vida ha estado relacionada con el rugido de los motores en la recta de salida, los tapones en los oídos de los más pequeños en los circuitos, el zumbido que se escucha incluso cuando los bólidos están en la otra punta del circuito… Son multitud de factores que alimentan el espectáculo de esta competición y que los vehículos eléctricos podrían exterminar para siempre.
La Fórmula 1 no puede convertirse en una competición para evaluar qué fabricante consigue más autonomía de sus baterías, ni qué ingenieros pueden reducir el tiempo de cambio de baterías con el diseño. Aunque todo esto pueda ser un aliciente, todo lo demás se pierde. Otros rumores apuntan que en las carreras de F1 podrían competir coches eléctricos junto a los de combustión, alternativa también inviable debido a la desigualdad que podría existir (como punto a favor, los coches eléctricos entregan toda la potencia desde el principio, pero como punto en contra, hay que contar con el tamaño de las baterías, su autonomía y su peso).
Con esto quiero decir que al aficionado que ha seguido la Fórmula 1 desde que tiene uso de consciencia (y aunque considere que en los últimos años se ha prostituido un poco), no le gustará en absoluto dejar de escuchar los motores revolucionados, los cambios de marcha y todo tipo de ruido que puedan emitir los bólidos actuales que no sea el rozamiento del viento o de los neumáticos. Y estos ejemplos que nombro con la F1 son extrapolables a cualquier otro deporte de motor, sea WTCC, DTM, rallies o motocross.
La mejor decisión que puede tomar la FIA, a mi parecer, es la de crear una competición oficial de coches eléctricos paralela a todas las modalidades existentes de coches con motor térmico, en la que sí se premie la eficiencia de las baterías, el diseño (que facilite la reducción de tiempo al intercambiarlas), el tamaño, etc. Pero todas las otras competiciones, por favor, que las dejen como están.
De momento, ya hay marcas fabricando concept-cars eléctricos pensados para los circuitos (como por ejemplo el Nissan Leaf NISMO RC -foto-), y otros fabricantes como Mitsubishi también se han interesado en la oferta de la FIA. Espero por el bien de la cultura automovilística que las competiciones de coches eléctricos no solapen las carreras ya existentes, sino que se impulsen de forma paralela.