Paco Cabezas transforma en largo su cortometraje de 2005 con el mismo título, y lo hace al más puro estilo Guy Ritchie con una cachondísima cinta de maleantes, con tramas entrelazadas, música rock, slow motion y flashbacks explicativos, una “ritchieada” notablemente conseguida que convierte Carne de Neón en una divertida película en la que comedia y drama (la vida misma)  se dan la mano bajo una capa de entretenimiento, humor y dinamismo.

Y no podemos olvidar que se trata de una película española. ¿Qué quiero decir con esto? Que una película como esta, que transmite energía positiva a chorro pero contextualizada en la vida y las miserias de la calle, tenía que contener una historia dramática como trasfondo. Y esta es la trama central, en la que Ricky intenta salir de la calle y encontrar una vida mejor con su reencontrada madre, aunque las cosas no serán nada fáciles.

De hecho, el excelente trabajo del reparto protagonista es lo que le da a la película la virtud de la empatía y la consiguiente capacidad de emocionar y hacer que el público se meta de lleno en el film, implicándose emocionalmente con las peripecias de esta panda de víctimas y villanos que le roban el corazón a uno.

Lo bueno que tiene Carne de Neón es que Paco Cabezas desahoga muy bien la película con escenas de acción irreverentes y un arrogante sentido del humor que hace las delicias del público. Además, cuenta con excelentes interpretaciones (entre las que destacaría a Vicente Romero y Ángela Molina) que enganchan  y dan naturalidad a una película repleta de mecanismos artificiosos y grandes momentos que disparan la adrenalina, las risas y los aplausos. Imprescindible ir a verla.

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