Bodies. The Exhibition

Rodeada de polémica y tras un exitoso periplo por E.E.U.U. y Europa, llega a Barcelona Bodies. The exhibition, una lección de anatomía humana como no se ha visto jamás. 22 cuerpos, 260 órganos e innumerables partes de cuerpos humanos se han utilizado para llevar a cabo esta muestra gracias a una técnica conocida como plastinación o conservación por polímero. Su inventor, el científico alemán Gunther von Hagens, ha convertido en negocio este proceso, que consiste en despojar de piel y grasa a cuerpos sin vida para después sustituir sus fluidos corporales por polímeros químicos blandos.

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El resultado es espectacular. Dejando de lado las fabulaciones morbosas en torno al origen de los cuerpos empleados y el cariz mercantil que ha ido tomando el uso de esta técnica, hay que resaltar lo que de didáctico y divulgativo nos muestra la obra. Y aquí enlazamos con el otro punto de discusión. ¿Merece llamarse arte la exposición de cadáveres no necrotizados al público? Arte o no, lo cierto es que lo más destacado de esta exposición, fuera de elementos efectistas, que los hay, es su carácter eminentemente científico, casi educativo. Bodies permite entender cómo funciona nuestro cuerpo de una manera ágil y respetuosa. La muestra se divide en 7 áreas temáticas: sistema nervioso, circulatorio, respiratorio, digestivo, reproductivo, el esqueleto y los órganos del cuerpo. El impacto visual para el visitante es progresivo. Así, el recorrido está pensado para ir asimilando, poco a poco, tanto la información que se nos suministra mediante paneles acertadamente dispuestos, como las posibles escenas más violentas y desagradables. De hecho, se nos muestran en muchos casos órganos enfermos, con una intención claramente disuasoria respecto a algunos de nuestros hábitos (al lado de unos pulmones con cáncer se ha dispuesto una curiosa urna para que el fumador arrepentido deje allí sus últimos cigarrillos).

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Bodies. The exhibition es un acto de trasgresión muy interesante. Es normal que nuestro ojo, educado en la cultura clásica occidental de proporciones canónicas y académicas, tarde en acostumbrarse a ver cómo el mármol de las esculturas antiguas muta ahora en tendones, músculos y vísceras. Pero, precisamente, sabiendo cómo funciona nuestro cuerpo, cómo ven nuestros ojos, podemos darle un giro a todo lo demás. Analizar el mundo comenzando por nosotros mismos.

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