En el sur de Colombia, en San José del Guaviare, un grupo de niños se recrea en juegos que simulan conflictos armados; una escena que podría reflejar una realidad cotidiana en una región marcada por la violencia durante décadas. Sin embargo, esta narrativa comenzó a cambiar en 2020 cuando Tatiana Muñoz decidió ofrecer una alternativa. Con un kit de robótica que había llevado con ella a la región, convocó a un grupo de niños que la miraban con curiosidad, lo que dio inicio a Science Bot, la primera escuela de robótica en este departamento.
En cinco años, Science Bot ha crecido de manera exponencial. Desde los cuatro niños que acudieron a la primera cita, hoy la escuela cuenta con 75 alumnos y un equipo de siete profesores. La evolución del proyecto se ha consolidado con tecnología moderna, incluyendo impresoras 3D, y ha atraído a estudiantes incluso de otros países como España y Australia. El reciente logro de conseguir una sede propia es un hito en esta travesía que comenzó con el uso de un viejo Renault 4, denominado por sus fundadores “la amenaza roja”, que funcionaba como aula móvil.
Los logros de Science Bot van más allá de las cifras; en sus aulas, los niños no solo aprenden sobre robótica, sino que desarrollan habilidades que les permiten soñar con un futuro diferente. Juan Esteban Gómez, quien fue el primer alumno de la escuela, ha avanzando hasta competir internacionalmente con un barco robótico que mide la contaminación del agua en los humedales locales. Su historia es un ejemplo del impacto que está teniendo la educación en sus vidas, a través de proyectos que vinculan tecnología con las necesidades de su entorno.
Zully Romero, otra destacada alumna de Science Bot, llegó a la escuela como una niña tímida. Su participación la ha llevado a representar a Colombia en el programa «Ella es Astronauta» de la Fundación She Is, donde brilló en entrenamientos en la NASA. Hoy, Zully estudia mecatrónica y busca inspirar a otros con su historia.
La esencia de este proyecto educativo radica en ampliar oportunidades en una región que ha sufrido los efectos del conflicto armado. La Misión de Verificación de la ONU ha apoyado estas iniciativas, entendiendo que los esfuerzos en robótica fomentan no solo la educación tecnológica, sino también la paz y la reconciliación en el territorio.
Tatiana Muñoz, quien en su juventud había sido influenciada por las circunstancias difíciles de su entorno en Bogotá, se ha comprometido a transformar vidas, tal y como una profesora lo hizo con ella en su momento. Su pasión resuena en cada rincón del Guaviare, donde cada sábado los niños pedalean largas distancias para asistir a sus clases de robótica.
Además, el ámbito educativo está experimentando un cambio significativo debido a sus propuestas; incluso se tramita un proyecto de ley en el Congreso colombiano para que la robótica sea parte del currículo escolar en todo el país. De esta manera, Science Bot busca cambiar la narrativa local y demostrar que a través del conocimiento, la creatividad y la innovación, es posible construir un futuro esperanzador.
Fuente: ONU últimas noticias

