La brecha digital continúa siendo un desafío importante en Europa, a pesar de los avances tecnológicos y la implementación de un nuevo marco normativo que busca mejorar la accesibilidad. La startup Bleta, especializada en tecnología accesible, ha advertido sobre los riesgos asociados a la falta de un entorno digital adaptado, especialmente tras la reciente aprobación de la Transposición de la Directiva Europea de Accesibilidad. Según Bleta, «el incumplimiento no solamente es sancionador. Es social», lo que resalta la necesidad de abordar este problema desde múltiples ángulos.
Datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que más del 30% de las personas de entre 65 y 74 años enfrentan dificultades para llevar a cabo tareas digitales básicas, como leer mensajes, navegar en pantallas o completar trámites sencillos. Esta cifra se agrava a medida que se aumenta la edad, alcanzando a más de la mitad de los individuos mayores de 75 años, quienes reconocen tener problemas habituales con la tecnología.
A pesar de la reciente entrada en vigor de la Ley 11/2023, que transpone la Directiva Europea de Accesibilidad y amplía las obligaciones en cuanto a diseño y usabilidad digital, el panorama es desalentador. Según el European Web Accessibility Monitor, un asombroso 97% de las páginas web del sector privado europeo no cumple con los estándares de accesibilidad establecidos. Este incumplimiento deja a millones de personas, especialmente a las de mayor edad, excluidas del entorno digital.
Gerard Pinar, COO de Bleta, señala que este problema es más que un simple fallo en aplicaciones o sitios web: «Se trata de una experiencia de navegación hostil y generalizada que persiste incluso después de que la ley haya fijado nuevos criterios de accesibilidad». Aunque empresas tecnológicas como Google y Apple han incorporado soluciones de accesibilidad a sus dispositivos, muchas veces estas herramientas están ocultas en configuraciones complejas y requieren conocimientos previos para su uso, lo que no resuelve los obstáculos cotidianos que enfrentan los usuarios.
Desde la perspectiva de Bleta, el desafío radica en un enfoque erróneo hacia el desarrollo tecnológico, donde la accesibilidad es vista como un complemento y no como un principio fundamental. Pinar concluye que «la accesibilidad real no empieza en el código, empieza en el diseño de la interfaz y en entender cómo usan la tecnología las personas». Sin un cambio de mentalidad en el diseño y desarrollo digital, es probable que la brecha digital se amplíe, dejando atrás a un número creciente de personas.











