En 2023, el uso neto de energía en la Unión Europea (UE) se situó en 56,1 millones de terajulios, lo que representa una disminución del 4,1% en comparación con el año anterior. Este consumo se distribuyó principalmente entre las empresas y el gobierno, que utilizaron el 72,3% para sus actividades productivas, mientras que el 27,7% restante fue destinado directamente a los hogares.
Al desglosar el uso de energía por actividad económica, la fabricación se destacó como la mayor consumidora, con 14,3 millones de terajulios, lo que equivale al 25,5% de dicho uso total. Después le siguieron el suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado, que alcanzó los 10,1 millones de terajulios (17,9%), así como el transporte y almacenamiento, con 6,9 millones de terajulios (12,3%).
El panorama energético presenta matices significativos. En términos de variación anual, el sector de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado experimentó la mayor caída en el uso de energía, con un descenso del 8,7%. Asimismo, la industria manufacturera también vio un descenso considerable del 5,5%. En contraste, el sector de transporte y almacenamiento fue una excepción, incrementando su consumo en un 8,1% en 2023.
Además, al observar la evolución de los últimos diez años, se puede apreciar un panorama mixto en la eficiencia energética dentro de la UE. Países como Estonia (-43,1%), Irlanda (-42,8%) y los Países Bajos (-37,2%) reflejan las caídas más pronunciadas en la intensidad del uso energético en relación con el valor añadido bruto. Por otro lado, Malta (+22,9%) y Lituania (+9,3%) fueron las únicas naciones que reportaron un aumento en esta métrica.
Esta tendencia en la intensidad energética suscita un debate sobre la sostenibilidad y la eficiencia en la producción, destacando la importancia de seguir avanzando hacia prácticas más sustentables en el contexto de la transición energética en Europa.











