Hasta el 28 de abril de 2025, los ciudadanos de la península ibérica disfrutaban de un acceso ininterrumpido a la electricidad, una situación que se tornó en pesadilla cuando el sistema eléctrico colapsó de manera inesperada. En ese fatídico día, el servicio eléctrico se interrumpió de forma total, dejando a millones de personas a oscuras, mientras que solo algunos hospitales y centros críticos pudieron seguir operando gracias a sus sistemas de respaldo energético.
Desde entonces, ha crecido la preocupación entre los ciudadanos, quienes ahora ven la necesidad de contar con dispositivos de radio a pilas en sus hogares y muchos edificios están considerando instalar sistemas de almacenamiento de energía para asegurar el funcionamiento de sus servicios comunes en caso de un futuro apagón. Este evento ha llevado a repensar la estabilidad y la gestión de la red eléctrica en la península, que, a pesar de ser reconocida por su capacidad de integrar energías renovables, demostró ser susceptible a fallos ante fenómenos inesperados.
El informe de la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-e), publicado en marzo de 2026, explica que el colapso se debió a una inestabilidad de tensión provocada por oscilaciones de baja frecuencia, lo que llevó a desconexiones automáticas y, finalmente, al aislamiento total de la península. Inicialmente, las energías renovables fueron señaladas como culpables, pero el informe concluyó que la falta de un adecuado control de tensión y protocolos flexibilizados impidieron su participación como parte de la solución en momentos críticos.
Desde el apagón, se han implementado cambios en las leyes para permitir que las plantas de energía renovable contribuyan a estabilizar la red. Las nuevas medidas incluyen la introducción de técnicas que permitirán a estas plantas inyectar o absorber potencia reactiva de manera rápida, para ayudar a mantener la estabilidad del sistema eléctrico.
A raíz del evento, la Red Eléctrica de España ha endurecido sus protocolos, lo que ha incrementado notablemente los costes asociados al mantenimiento de la red. Los gastos en servicios de ajuste subieron un 50% entre 2024 y 2025, lo que resultó en un aumento del precio medio de la electricidad en el mercado mayorista. Se prevé que estos costes continúen aumentando a medida que se instalen más mejoras técnicas en respuesta a la inestabilidad del sistema.
La reconfiguración del sistema eléctrico es un tema candente; algunos expertos sugieren que es hora de evaluar si el modelo que ha servido desde mediados del siglo pasado sigue siendo el más eficiente. Se plantea la posibilidad de establecer subsistemas eléctricos regionales interconectados, que permitirían un funcionamiento más seguro y eficiente al desconectar solo las áreas afectadas en caso de problemas, en lugar de someter a toda la península a un apagón como ocurrió en 2025.
El futuro del suministro energético en la península ibérica no solo depende de la incorporación de fuentes renovables, sino también de la capacidad de adaptar y mejorar la infraestructura existente, en un contexto de creciente demanda y complejidades técnicas. Es un reto que no solo requiere inversiones significativas, sino también una visión renovada del sistema eléctrico que asegure la estabilidad y la sostenibilidad a largo plazo.
Fuente: Agencia Sinc

