En el mundo de la cosmética, muchas veces la atención se centra en las propiedades sensoriales de los productos, especialmente en su aroma. La percepción de un producto cosmético puede estar influenciada en gran medida por su olor, una característica que va más allá de la simple satisfacción olfativa, desempeñando un papel crucial en el acto de aplicarse la crema, según expertos de Medik8, Byoode y Perricone MD.
No todas las cremas que huelen bien son necesariamente de alta calidad, ni todas las que tienen un aroma desagradable son ineficaces. Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode, destaca que la calidad de un producto no siempre está relacionada con su aroma. “Una crema es una mezcla de materias primas, y muchas de esas materias primas tienen olor propio”, explica. Algunas personas esperan que sus cosméticos tengan un olor agradable, lo cual ha generado una cultura donde el perfume suele añadirse a las fórmulas para enmascarar olores de ciertos ingredientes que pueden no ser los más agradables al olfato.
Sin embargo, los malos olores no siempre indican un producto deficiente. Al contrario, algunos de los ingredientes más eficaces puede que no sean agradables para el olfato. Raquel González amplía: «Hay activos maravillosos que no huelen a ramo de flores», señalando que muchos ingredientes beneficiosos tienen olores muy particulares que no suelen asociarse con la alta eficacia.
En este contexto, se vuelve crucial entender que la decisión de no incluir fragancias en productos no significa la ausencia de olor. «Un cosmético sin perfume no significa una crema sin olor», puntualiza González. Esto significa que, en muchos casos, los ingredientes naturales mantienen su aroma intrínseco, el cual puede ser completamente diferente al habitual perfume artificial.
El debate sobre si los productos deben o no contener fragancias es continuo. Si bien algunos consumidores son enemigos de las fragancias, el aroma puede mejorar la experiencia sensorial de un producto de cuidado personal, como destaca Mireia Fernández de Perricone MD. Un agradable olor puede convertir un simple gesto de cuidado personal en un ritual preciado, fomentando la constancia en su uso.
En cuanto a las fragancias, estas se utilizan en cosmética principalmente para mejorar la experiencia del usuario cuando el olor natural de los ingredientes podría ser desagradable. Un ejemplo de esto es el producto Lotus & Spirulina Romance de Byoode, donde un aroma dulce se ha integrado para contrarrestar el fuerte olor de la espirulina, garantizando que la experiencia de aplicación sea tanto beneficiosa como placentera.
Finalmente, cuando surgen olores poco agradables en los cosméticos, a menudo son consecuencia de la naturalidad y efectividad de sus ingredientes activos, más que de su calidad. Según Irene Serrano de Dermalogica, si los cosméticos comienzan a presentar olores inesperados o desagradables, podría ser una señal de que el producto está caducado o alterado. En definitiva, la elección de usar productos con o sin perfume depende del gusto personal y de evaluar otros factores de calidad más allá del aroma.

