La doctora Erika Rezola, pediatra cardióloga en Policlínica Gipuzkoa, ha subrayado la crucial importancia de la detección precoz de las cardiopatías congénitas en los recién nacidos, así como la necesidad de desmitificar ciertos conceptos erróneos sobre la actividad física en niños con estas condiciones. Las cardiopatías congénitas son la malformación más común entre los infantes, afectando aproximadamente a uno de cada cien recién nacidos. Estas condiciones pueden variar desde defectos menores hasta anomalías severas que requieren cirugía temprana.
Rezola explica que las alteraciones más comunes incluyen problemas en los tabiques cardíacos, tales como las interauriculares y las interventriculares, y la persistencia del ductus arterioso. En el contexto de Euskadi, esto se traduce en aproximadamente 130 a 140 nuevos casos anuales, ya que cada año nacen entre 13.000 y 14.000 bebés en la región.
La detección temprana de estas cardiopatías, preferiblemente antes del nacimiento, ha avanzado significativamente gracias a la cardiología fetal y las nuevas técnicas de imagen. Realizar un diagnóstico durante el embarazo puede beneficiar tanto al recién nacido como a su familia, permitiendo un seguimiento más cuidadoso y una mejor preparación emocional y logística para el nacimiento. «Identificar una cardiopatía antes del nacimiento nos permite anticiparnos y ofrecer una atención más segura desde el primer momento», afirmó la doctora.
En cuanto a los síntomas en los bebés, Rezola advierte que son complicados de detectar ya que los pequeños no pueden expresar sus malestares. Algunas señales de alarma incluyen dificultades para alimentarse, cansancio excesivo, sudoración sin razón aparente y problemas para ganar peso. A medida que los niños crecen, nuevos síntomas pueden emerger, tales como la incapacidad de mantenerse al ritmo de sus compañeros durante actividades físicas o episodios de mareos y palpitaciones.
Otro aspecto importante que la doctora aborda es el mito de que los niños diagnosticados con cardiopatías deben ser sobreactuados y limitar su actividad física. Ella defiende que la mayoría de estos niños, especialmente aquellos con condiciones leves o que han sido tratados de manera efectiva, pueden llevar una vida casi normal y deben participar en actividades deportivas y sociales para su bienestar emocional y físico. «No debe haber exclusiones del entorno social ni promover el sedentarismo», añade.
Además, los avances terapéuticos han cambiado el panorama del tratamiento de las cardiopatías congénitas. Las técnicas de cateterismo cardíaco permiten procedimientos menos invasivos, con tiempos de recuperación rápidos, permitiendo a los pacientes regresar a su vida cotidiana en pocos días. Estas técnicas han mejorado las tasas de éxito, superando el 90-95%, lo que representa un importante avance respecto a la cirugía cardíaca convencional.
Con estos progresos, más del 90% de los niños con cardiopatías congénitas llegan a la adultez con buena calidad de vida, lo que era impensable hace apenas unas décadas. La doctora Rezola concluye reflexionando sobre cómo la detección precoz y el tratamiento adecuado pueden cambiar radicalmente el futuro de estos pequeños pacientes.


