Arsénico por compasión: muertes piadosas

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Las relaciones entre cine y teatro siempre han sido muy estrechas. El arte del celuloide lo tenía fácil para inspirarse en el teatro, la ópera, e incluso las demás artes plásticas para la composición de planos, ya que eran la única referencia posible a un lenguaje tan nuevo como lo fue el cine en sus inicios. En el caso del teatro, pues, sencillamente, se toma prácticamente el pie de la letra una obra teatral y listo, ya está solucionado el peliagudo asunto del guión, lo que no es poco.

A mi en principio me gusta el teatro dentro del cine, aunque bien es verdad que, a veces, los directores se ciñen tanto a la escenografía que parecen exigir las obras, que no hay diferencia entre un medio y el otro, entre cine y teatro.

Así pues, Arsénico por compasión, de Frank Capra, a mi modo de ver, responde a lo que argumento y no deja de ser teatro filmado y poco de cine en sentido estricto tiene. Por supuesto, que la obra original de Joseph Kesselring, la adaptación de los guionistas, resulta divertidísima: con esos personajes enloquecidos, ese argumento tan chocante y fresco, esas entradas y salidas de la escena tan ágiles o las burlas a convenciones sociales o a personajes de la época (Teddy Roosevelt o Boris Karloff).

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En esta película Capra no muestra ese empeño, que aparece en otros filmes suyos, de mostrarnos lo buena que es la gente y lo felices que somos todos cuando los diferentes miembros de una comunidad ayudan a los demás y/o devuelven los favores recibidos. Estos finales felices que nos hacen ver la vie en rose que cantaría la Piaff, edulcorados y que pretenden hacernos salir del cine reforzados en nuestra pertenencia a un grupo humano, están ausentes de Arsénico por compasión por la simple razón de que, como he dicho, el guión es una obra teatral de éxito que pertenecería a ese poco frecuentado género literario que es el humor negro. Y poco podía modificar Capra para llevársela a su monomanía.

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 Es famosa la interpretación de Cary Grant, en el papel de Mortimer. Sin embargo, yo, por llevar la contraria como siempre claro, diría que no es de lo mejorcito de Cary. Según yo lo veo está pasado de gesticulaciones, de andares cómicos y de aspavientos varios. Si hay un protagonista en la película, no es ni Cary Grant, ni Frank Capra, ni la escena, ni mucho menos las imágenes; el único protagonista es el texto y solo el texto. El resto, se mueve en los estrechos márgenes de la corrección profesional.