Los poemas de Gamoneda son incómodos, ariscos, tristes –muy tristes– desangelados, oscuros… Arañan con todas las aristas de sus versos, y, la verdad, duelen. Pero, a la vez, son una experiencia única, ineludible.
Es uno de los grandes.
Por fin, se edita una antología de sus poemas; no os perdáis los que pertenecen a sus
poemarios “Arden las pérdidas” y “Libro del frío”, obras maestras. El paso del tiempo
nunca ha sido mejor retratado que en sus poemas o prosas poéticas.
Un recorrido necesario por un poeta con una voz única, ajena a generaciones y modas.
Dejo dos poemas para que abráis boca:
Vienen con lámparas, conducen
serpientes ciegas a
las arenas albarizas.
Hay un incendio de campanas. Se
oye gemir el acero
en la ciudad rodeada de llanto.
* * *
Estoy desnudo ante el agua inmóvil. he dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.
Esto era el destino:
llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.