Alopecia difusa: una caída reversible que afecta tanto a hombres como a mujeres

Según estudios realizados, se estima que el 60% de la población sufrirá un primer caso de caída de cabello a partir de los 20 años, pero no será entre la franja de los 30 y los 50 años cuando comenzarán a aparecer casos como la alopecia difusa. Se trata de una pérdida de pelo en la que se produce una miniaturización progresiva del folículo piloso, cuyo efecto es reducción de densidad y volumen, haciendo que el cabello sea más frágil, débil, seco y se caiga con mayor facilidad. Según informan desde el Hospital Capilar, se puede llegar a perder más de 100 pelos al día.

Por otro lado, nos encontramos la alopecia difusa, que está asociada a otras afecciones como el estrés, las enfermedades intestinales, el trastorno de tiroides o las alteraciones renales, así como trastornos alimentarios y dietas extremas que no aportan los nutrientes que nuestro organismo necesita. Además, también afectan cambios hormonales que se producen durante el embarazo, tras el parto o en la menopausia; el periodo en el que se producen más diagnósticos de alopecia difusa entre las mujeres.

Así, esta alopecia, que no distingue entre géneros y afecta en igualdad tanto a hombres como a mujeres, se diferencia de las demás en el proceso de caída del cabello, debido a la gran velocidad en la que éste se pierde, que hace que, en consecuencia, se produzca una pérdida generalizada que deja a la vista el cuero cabelludo, aunque no muestra ningún signo de irritación, descamación o inflamación. Sin embargo, según apunta el doctor Leone, “en la mayor parte de los casos, se trata de una caída reversible y puntual en la que el pelo vuelve a crecer, una vez que se detecta el origen del problema y se soluciona”.

Cabe recalcar que la caída difusa suele estar motivada, en muchos casos, por efluvios anágenos o telógenos o alopecia androgénica femenina, aunque en ocasiones pueden llegar a solaparse ambos motivos. La alopecia androgénica, que se estima que afecta a un 20% de las mujeres a los 50 años y cerca del 42% tras los 60, se trata de una pérdida de densidad de años de evolución que suele empezar por un ensanchamiento de la raya del pelo, afectando a la línea de implantación y entradas.

“Los efluvios, por otro lado, son una caída de cabello de tipo no cicatricial, mayor a la caída fisiológica diaria que rodea los 100 o 150 pelos, y se diferencia de la alopecia androgénica en el tiempo en el que se tarda en percibir la disminución de la densidad, al tratarse de un proceso más repentino, en la que el pelo pasa de manera más rápida de la fase de crecimiento a la de caída. En los casos de efluvio es prioritario tratar el desencadenante, que puede ser farmacológico o originarse por alteraciones tiroideas o del hierro, explicando al paciente la historia natural de dicho efluvio con el fin de ofrecer mayor apoyo en cuanto a cuidados del pelo e, incluso, psicológico; ya que, en ocasiones, la salud capilar afecta en el estado anímico de la persona, generándole problemas de ansiedad y autoestima”, subraya el especialista de Hospital Capilar.

A pesar de su carácter temporal, es importante destacar que el diagnóstico precoz del desencadenante de la alopecia difusa será fundamental para evitar que esta pérdida se agrave. Una vez identificado el origen del problema, los expertos recomiendan optar por tratamientos encaminados a frenar su evolución, como el uso de Minoxidil o el Plasma Rico en Plaquetas (PRP), así como suplementos orales encaminados a reintroducir déficits vitamínicos. Por último, se aconseja cuidar aspectos de nuestra vida como el estrés o mejorar nuestros hábitos alimenticios, optando, por ejemplo, por alimentos ricos en hierro, ya que se estima que dos de cada tres mujeres con caída de cabello difusa tienen deficiencia de hierro.

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