“No hemos tenido prisa en renunciar al mito de la infinita generosidad de la Tierra. Con nuestros dispendios, hemos excedido nuestro crédito”(Bárbara Kingsolver, (1.955) escritora y poeta)
Esta frase describe perfectamente el abuso desmesurado que hemos cometido, y se continua cometiendo, contra la grandeza que la Tierra nos ofrece, hasta llegar a una conclusión y hacernos un planteamiento: ¿Cómo es posible que el mundo cambie tanto ante nuestros ojos? De las muchas atrocidades destructoras que se hacen a lo largo y ancho de nuestro planeta, cuestionaré sobre el agua, ese vital líquido del cual dependemos. No hay nada más simple que el agua: dos átomos de hidrógeno unidos a uno de oxígeno. Aunque el agua cubre nuestra Tierra, más del 97% es salada. Otro 2% es agua dulce en estado sólido, en forma de nieve e hielo, por lo tanto sólo contamos con el 1%. “Esta extrema
precariedad en la que sobrevivimos”. Porque nosotros no somos importantes para el agua, sino a la inversa, ya que nuestra misión consiste en buscar la forma más razonable de sobrevivir dentro de sus límites. Como dato curioso, existe el método SODIS que proporciona agua potable en lugares que sufren la temida sequía.
“Coja una botella vacía de plástico transparente. Quítele la etiqueta y llénela de agua de un riachuelo, un grifo público o un charco, no demasiado turbia. Déjela a pleno sol sobre una chapa de metal. No mueva la botella cuando esté al sol. En seis horas, la radiación UVA acabará con virus, bacterias y parásitos, convirtiéndola en agua potable. Es un método sencillo, gratuito y eficaz.”
En los viajes que he realizado a través de los Desiertos de Wadi Rum (Jordania), Sahara (Tunez), Líbico-Egipcio (Egipto) todos me han recordado que el agua puede cambiar la faz de la Tierra. En estos lugares, las pequeñas ciudades, aldeas y asentamientos de beduinos transportan, valiéndose de utensilios apropiados, cada mililitro de agua dulce de pozos distantes o de acuíferos, tarea que recae sobre las mujeres y los niños. Agua exprimida a la Tierra para poder subsistir las personas, los animales y regar sus huertos. Creo que, la tendencia humana considera el agua un derecho incuestionable, pero la verdad acecha detrás de todas las fantasías, y los habitantes del desierto cuentan meses entre una lluvia y otra, a veces, disputándose las gotas que se escapan de una vasija. “Veneramos las fuentes de los grandes ríos, erigimos altares donde afloran las aguas ocultas de las profundidades, adoramos los manantiales de aguas termales […] y hemos hecho sagrados algunos lagos” (Séneca)
El agua es vida. “Símbolo de creación y refugio de todas las semillas, el agua es la sustancia mágica y medicinal suprema; sana, devuelve la juventud y asegura la vida eterna” (Mircea Elliade (1.907-1.986) filósofo e historiador rumano) Constituye las dos terceras partes de nuestro cuerpo, como el mapa del mundo. Aunque a veces subestimamos a Madre Agua, los humanos sabemos que es ella quien manda. A nada tememos más que a la falta de este valioso elemento, o a su exceso. Cuando varían los regímenes de lluvias, algunas regiones se inundan
y otras se secan. La Madre Naturaleza nos da así una lección de física. Los resultados están a la vista. “Si mi destino fuera/inventar una nueva religión/recurriría al agua” (Philips Larkin (1.922-1.985) poeta inglés)
Otra de las consecuencias que estamos padeciendo se encuentra en los océanos, el gran enemigo son los plásticos, vertidos químicos y, por otro lado, el exceso de pesca son responsables de más muertes que cualquier otra catástrofe marina.
“La Tierra es nuestro hogar y el hogar de todos los seres vivos. La Tierra misma está viva. Debemos sentirnos humildes ante la belleza de la Tierra y compartimos una reverencia por la vida”
No es necesario recordar que la Naturaleza puede ser implacable. O aprendemos a vivir con su humor cada vez más impredecible, o nos vamos a otra parte, o pereceremos.
Una realidad: vivimos en el planeta Tierra y sin agua no somos nada.