Una década, una película

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Actualmente el cine no pasa por sus mejores momentos, aunque de vez en cuando se hagan buenas películas. Hay que ser justos. De todos modos, creo que se han perdido bastante el genio y la chispa, el arte literario que antaño, sin presupuestos astronómicos ni grandes recursos técnicos; era la escritura de un guión original que brillara con luz propia y que combinado con la técnica cinematográfica daba como resultado verdaderas obras de arte del celuloide.

Por  este motivo, quisiera reivindicar el guión original con un repaso tangencial por unas cuantas décadas de historia y rescatar una película de cada período que, según mi humilde opinión, es sobervia en el aspecto literario del film, el guión.

Años 40: To be or not to be (Ernst Lubitsch, 1942)

Esta frase del archifamoso soloquio de Hamlet da título a la mayor y más despiadada sátira sobre el nazismo que se haya hecho jamás. La historia nos remonta a la invasión nazi de Varsovia y presenta a un grupo teatral que se ve implicado directamente en una misión de espionaje. Lo grande de esta película es que todas sus secuencias constituyen un clímax constante culminado con gags ingeniosos de humor corrosivo o con un giro sorprendente que le hace un nuevo nudo a la historia. Ser o no ser es una obra maestra superlativa y, para mí, un referente incontestable de perfección en el arte del guión.

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Años 50: El Crepúsculo de los Dioses (Billy Wilder, 1950)

Superlativa es esta superlativa de otro de los grandes del cine, Billy Wilder. El Crepúsculo de los Dioses es una película desoladora y cruel, una reflexión profunda de la tragedia de lugar que es Hollywood, un lugar en el que el éxito es efímero y los sueños se mueven por dinero. Cuenta la historia de un guionista del montón que por circunstancias llega a casa de una diva olvidada del cine mudo, cuya vejez la ha despojado del estrellato. Grandísimos diálogos, un gran sentido del humor cogido de la mano del drama y una hermosa puesta en escena son avales suficientes para no dejar de ver esta maravillosa película.

Años 60: Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960)

El immortal Alfred Hitchcock, el cineasta que nunca ganó un Oscar. En su haber tiene grandes películas y sin duda es un maestro del suspense, el terror y quizás la mayor influencia del cine que vino después de él. Psicosis es una película de precisión quirúrgica. Cada detalle visual, cada palabra, el uso de la música y, en definitiva, cada elemento del film tiene una razón de ser y aporta significado al relato. Hacen falta mucha atención, muchos visionados y mucha información previa para admirar Psicosis en toda su magnitud.

Años 70: El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972)

Lo que hace, por encima de todo, que El Padrino sea una descomunal obra maestra es el hecho que los actores se conviertan literalmente en sus personajes, es algo que fascina y engancha. Y como si no bastara con esto, Coppola nos brinda un extraordinario entramado de engaños, emoción, angustia y violencia que lleva a uno al éxtasis más puro. La pausa combinada con la tensión máxima, el aumento gradual de suspense, la música, la composición de los planos, la evocación de sentimientos y una trama para emmarcar envuelven este mito imprescindible del cine.

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Años 80: Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

Son muchos los que dicen que la ciencia-ficción empieza y termina con esta película, y si bien es una afirmación rotunda y exagerada, también es verdad que el Mangus Opus de Ridley Scott alcanza una cima que todavía se percibe demasiado alta. Más allá de la soberbia caracterización del mundo futuro, ninguna película plantea como Blade Runner un debate sobre el valor de la vida humana y sobre qué es lo que nos hace supuestamente tan especiales. Como anécdota, que conste que mi película favorita de Ridley Scott sigue siendo Alien.

Años 90: Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)

Explosión de talento que empieza a dar nombre a un nuevo cine exclusivo llamado “tarantinismo”. Tarantino tiene la cualidad de no hacer cosas trascendentes, pero sí grandes obras maestras de lo vacío, combinando mejor que nadie entretenimiento y calidad. Pulp Fiction es caos ordenado, originalidad, ingenio, carisma y mucha verborrea tronchante para un film histórico, incalificable y digno de estudio.

Años 2000: El Caballero Oscuro (Christopher Nolan, 2008)

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A riesgo de ser lapidado, defiendo a muerte que el Batman de Nolan es la máxima expresión del cine moderno, del que rompe taquillas y además es de una calidad exquisita. El Caballero Oscuro es una película de acción, pero también es una ilustración de la continua lucha entre el bien del mal, de la mezcla heterogénea que forman el bien y el mal y de cómo cuando dos se pelean, el tercero es el que recibe. Grandiosas secuencias, un clímax constante y un personaje para la historia que alcanza la cota del mito por culpa de la muerte de su intérprete, el Joker de Heath Ledger. Para mí, la mejor película de esta década que estamos a punto de terminar y creo que solamente Inception, del propio Nolan, tiene números para superarla. Ya veremos.