En algunas ocasiones, he preguntado a alguien por qué le gusta viajar. Su respuesta, casi siempre, suele ser la misma: relacionan diversión, ocio, entretenimiento y, por último, conocer aquello que ofrezcan las excursiones programadas en cada lugar. A esto le llamo hacer turismo. Una minoría, son viajeros.
Son dos definiciones muy distintas, los viajeros de a pie: gente enamorada de otras culturas, a las que les entusiasman conocer nuevos destinos para enriquecer su vida. A este tipo de viajeros, entre los que- osadamente- me incluyo, nos apasiona conocer las historias de esos otros aventureros, exploradores, investigadores, arqueólogos que, a lo largo de la historia, y aún hoy en día, han realizado viajes tan importantes que han hecho cambiar la Historia de la Humanidad.
Un viajero incomparable ha sido Charles Robert Darwin, padre de la Teoría de la Evolución y, probablemente, el científico más importante y discutido de todos los tiempos. Nació en Shrewbury, Shropshire, Inglaterra, el 12 de Febrero de 1.809, en el hogar familiar llamado “The Mount”. Fue el quinto de seis hermanos.En esta semana se celebra el Bicentenario de su nacimiento, además se cumple el 150º Aniversario de la primera publicación de su obra “El libro de las Especies” (1.859) Como dato curioso, el tiempo que tardó en escribir este libro fue de “trece meses y diez días de duro trabajo”. Los primeros 1.250 ejemplares se vendieron el mismo día de su aparición, 24 de Noviembre de 1.859.
Su faceta de viajero surgió tras la lectura de “Viajes a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”, de Alexander von Humboldt. En principio planeó visitar la isla de Tenerife, donde residía, temporalmente, este investigador. Mientras preparaba este viaje, recibió una carta en la que le proponían un puesto como naturalista, sin retribución, para el Capitán del HMS “Beagle”, Robert FitzRoy, que realizaría una expedición para cartografiar la costa de América del Sur.
El 27 de Diciembre de 1.831 zarpó de la Bahía de Plymouth, y arribó a Fazmouth el 2 de Octubre de 1.836. Un viaje que duró casi cinco años.
El joven Darwin dedicó la mayor parte de su tiempo a investigaciones geológicas en tierra firme y a recopilar ejemplares, mientras que el “Beagle” realizaba su misión científica. Tomó notas escrupulosas durante todo el viaje.
Su primera escala fue en la isla Sao Tiago, Cabo Verde. En Brasil, quedó fascinado por el bosque tropical. En Punta Alta y Barrancas de Monte Hermoso, cerca de Bahía Blanca (Argentina) realizó un hallazgo de primer orden al localizar, en una colina, fósiles de enormes mamíferos extintos. Cabalgó con los gauchos del interior de la Pampa, dedicándose a observar la geología y extracción de fósiles. Contempló con asombro la diversidad de la fauna y la flora, en función de los distintos lugares.
En su viaje hacia el Sur, observó llanuras aplanadas llenas de guijarros en las que, cúmulos de restos de conchas formaban pequeñas elevaciones; asumió que se trataba de los “centros de creación” de especies, discutidas por otro investigador, Charles Lyell.
En Tierra de Fuego, se produjo el retorno de tres nativos yámanas que habían sido embarcados en la primera expedición que hizo el “Beagle”, con el propósito de que recibieran una formación para que les permitiera actuar como guías en las sucesivas expediciones. A Darwin le parecieron amables y civilizados, aunque los lugareños eran bastante distintos a los que habían convivido a bordo. Uno de los fueguinos que retornó, recibió el nombre cristiano de Jemmy Button, se quedó a vivir con los demás aborígenes, se había casado y manifestó no tener ningún deseo de volver a Inglaterra.
En Chile, fue testigo de un terremoto. Tuvo la ocasión de observar indicios de un levantamiento del terreno entre los que se acumulaban restos de valvas de mejillones, por encima de la marea alta. Sin embargo, también encontró restos de conchas a la altura de los Andes.
En las Islas Galápagos, geológicamente jóvenes, Darwin se dedicó a buscar indicios de un antiguo “centro de creación”, y encontró, entre otros, que los caparazones de tortugas variaban ligeramente entre unas islas y otras, permitiendo así su identificación.
Una aventura que comenzó un día de 1.831 a bordo del “Beagle” y finalizó veinte años más tarde. En ese tiempo Darwin puso sus pies en más lugares de los que cualquier viajero habitual pudiera imaginar: La Patagonia, Chile, Perú, las costas de América del Sur, Islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio, Sudáfrica…
En cada uno de estos lugares que investigó fue capaz de realizar descubrimientos impresionantes.
Además del tema científico, su vida constituyó una fuente de increíble riqueza para los amantes de la Literatura de viajes: la publicación de dos libros, clásicos, imprescindible: “Diario de Viaje” (1.839) y “Viaje de un naturalista alrededor del mundo en HMS Beagle”.
Falleció a consecuencia de un ataque al corazón el 19 de Abril de 1.882.
Como reconocimiento a su preeminencia fue uno de los cinco personajes del siglo XIX no pertenecientes a la realeza del Reino Unido honrado con Funerales de Estado, siendo sepultado en la Abadía de Westminster, próximo a John Herschel e Isaac Newton.