Seguramente algunos recordáis el caso del Skoda Octavia volador, que pasó por un terraplén y acabó aterrizando en el techo de una iglesia. Hoy os traemos un accidente que no acabó igual, pero casi. Esto ocurrió el miércoles pasado, sobre las dos de la tarde, en un parking de Tulsa, una población del estado de Oklahoma, en Estados Unidos. Un hombre de 67 años estaba circulando por un parking edificado con su Mercedes Clase C cuando, quién sabe cómo, su pie acabó atascado en el acelerador (¿de qué me suena?) con la marcha atrás puesta.
El hombre consiguió, de algún modo u otro, frenar el coche, dejando el eje trasero a escasos centímetros del precipicio. La pared del aparcamiento era de pladur -no era de ladrillo auténtico-, pero aun así, aún nos preguntamos cómo ha conseguido el Clase C quedar casi intacto tras el choque. Quienes sí sufrieron las consecuencias del accidente fueron los coches que estaban aparcados debajo.
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Ahora me viene una pregunta a la cabeza: si el coche en cuestión hubiese sido un Toyota, ¿se hubiera armado un alboroto mucho mayor? Los daños del coche son mínimos: una pequeña rotura en el faro izquierdo, una abolladura en el lateral y una rotura en el paragolpes, encima del tubo de escape derecho. El conductor del Mercedes ha tenido mucha suerte de no precipitarse abajo. Por suerte, no hubo víctimas, sólo daños en el coche, la pared y los coches de abajo.
Vía: Autoblog | Twitter