Un chaval llamado Jesús

0
62

1115036044_0.jpg A nadie escapa el buen momento que atraviesa el club hispalense dirigido por Juande Ramos. Buena parte del éxito del Sevilla está sustentando en una excelente política de cantera y en el buen ojo de su Director Deportivo, Monchi, para sondear el mercado con pasmosa habilidad y conseguir grandes jugadores todavía desconocidos a precio reducido.

Entre los primeros, los de la cantera, destaca un chaval de Los Palacios al que se ha puesto en el ojo del huracán por culpa de una sociedad mediatizada que devora con avidez a quien se ponga por delante. Jesus Navas, cuyos problemas de ansiedad, relacionados con su carácter introvertido, son por todos conocidos hace lo que puede por escapar de la vorágine pero está condenado, como tantos otros, a ser esclavo de su propio don y ser sometido diariamente, quiera o no, al inapelable juicio de un jurado que no entiende de otra cosa que no sea su propia autocomplacencia.

Los defensores de Jesus hablan de una excelente persona, tímido como él solo, que pronto estará defendiendo la zamarra nacional y la de un club como el Madrid o el Barcelona. Los de siempre, los incapaces de entender cuan grave puede llegar a ser una enfermedad tan difícil como la ansiedad, hablan de carne de cañón que no saldrá nunca del pueblo y al que todo esto le viene grande. Los impacientes, que son legión, hablan de que a sus 21 años ya es lo suficientemente mayor para dar el paso y están deseando comprobar quien tiene razón en toda esta historia. Si además pensamos en la cantidad de gente que vive hoy día alrededor del futbolista profesional (y de él), quizá nos hagamos una ligera idea de lo mal que puede llegar a pasarlo alguien como Jesus Navas.

Yo espero que Navas sea capaz de pasar olímpicamente de lo que se diga o escriba de él, se divierta jugando al fútbol, y piense sólo y exclusivamente en él mismo. Estoy seguro de que tarde o temprano llegará lejos (más aún) en esto del balompié. Y si no no pasa nada, porque aquí lo que importa no somos los demás sino el jugador y, sobre todo, la persona.