Un amor no correspondido: «Penas del joven Werther»

Hace poco en un viaje de vacaciones en Barcelona, estando en busca de material de lectura en el centro de la ciudad, compré una decena de libros y entre ellos uno pequeño y un tanto usado «Penas del Joven Werther» de Johan Wolfgang van Goethe.  Tenía intención de leerlo al regresar a casa, pero se me ocurrió hojearlo y empezar el primer capítulo.  Me quedé prendida a la novela como un insecto a la miel, saboreando cada párrafo, disfrutando de algunas expresiones que invitaban a la reflexión; viendo a través de las epístolas de Werther, el protagonista, el gozo ante la naturaleza y la vida sencilla de un pueblo, los paisajes bucólicos y su encuentro con Lotte, una bella muchacha que está comprometida con Albert. 

Goethe describe magistralmente los sentimientos de amor, ilusión, esperanza, desesperanza y frustración que un enamorado puede sentir cuando no es correspondido.

Nunca una historia de amor me ha causado tal conmoción de ideas y sentimientos, a excepción de la novela «María», de Jorge Isaacs, que leí cuando era una adolescente.  Pensé estar ya vacunada contra el romanticismo, pero parece que mi sangre latina lleva aún el virus dentro de sí.  La historia de Werther cobra en dramatismo y al final decide que en el triángulo amoroso, alguien debe morir frente a un libro abierto.

Esta novela es parcialmente autobiográfica y su publicación en 1774 significó un auténtico boom literario, influyendo incluso en la manera de vestir de la juventud alemana de esa época.  Tuvo profundas connotaciones e inspiró otras novelas, parodias, obras teatrales, poemas y hasta el suicidio de miles de jóvenes que dieron término a su existencia de la misma forma que Werther.  Dicen que esta obra fue una de las favoritas de Napoleón y que la llevaba consigo en sus campañas.

Marissa Tamayo

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