La situación en Ucrania enfrenta un nuevo hito, ya que la invasión a gran escala por parte de Rusia, iniciada el 24 de febrero de 2022, cumple cuatro años. Este prolongado conflicto ha resultado en más de 15,000 civilmente fallecidos y pérdidas económicas que superan los 195,000 millones de dólares, según estimaciones actuales. A pesar del recrudecimiento de los combates en el este del país desde la anexión de Crimea en 2014, muchos ucranianos se habían aferrado a la esperanza de que una guerra total no era inevitable. Sin embargo, la dura realidad de la guerra ha hecho que muchos se pregunten sobre la falta de un final a la vista.
Con motivo de este sombrío aniversario, el Secretario General de la ONU, António Guterres, expresó que esta devastadora guerra «es una mancha en nuestra conciencia colectiva» y advirtió que cuanto más se prolongue el conflicto, más mortífero se volverá. Guterres destacó que los civiles son los más afectados, señalando que el año pasado se registraron 2,514 muertes, una cifra alarmante que pone de relieve la gravedad de la situación.
El impacto del conflicto es palpable en la vida diaria de los ucranianos, como lo demuestra el testimonio de Victoria, una madre que vive en la capital regional de Jersón. Esta ciudad ha cambiado de manos en múltiples ocasiones y ha experimentado ataques aéreos casi diarios. La capital regional, ahora bajo constantes amenazas, presenta una realidad donde las escuelas están cerradas y los niños son obligados a buscar refugio en instalaciones subterráneas. Victoria, al igual que muchos otros, se siente atrapada entre el deseo de huir y la necesidad de proteger a su familia en casa.
A medida que la guerra se adentra en su cuarto año, las temperaturas bajo cero exacerban las dificultades. En Jersón, la calefacción central apenas funciona, y muchas familias se ven obligadas a lidiar con un frío intenso. Cantidades insuficientes de suministros y ataques rusos a las infraestructuras energéticas agravan la situación. Un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia revela que cientos de miles de personas sufren de escasez de calefacción y electricidad, lo que representa un riesgo significativo para la salud de los más jóvenes.
Además, las estadísticas reflejan una tragedia en constante aumento. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha confirmado más de 55,550 víctimas civiles desde el inicio de la invasión, con un notable aumento en el número de niños afectados. Este año, el total de niños muertos o heridos ha crecido en un 10%, lo que genera una profunda preocupación por el bienestar de las futuras generaciones.
La oscuridad y el aislamiento producidos por los cortes de electricidad y la violencia constante tienen consecuencias devastadoras para la población, especialmente para los grupos más vulnerables. Elena, una mujer de 80 años, expresa su desesperación ante la difícil realidad: “¿Qué clase de vida es esta?” Su historia refleja el sufrimiento de muchos, que, a pesar de la dura adversidad, encuentran en la asistencia humanitaria un rayo de esperanza.
Mientras tanto, el coordinador humanitario de la ONU en Ucrania, Matthias Schmale, describe cómo el cansancio de la población es cada vez más evidente. Sin embargo, subraya la fortaleza del pueblo ucraniano, que, a pesar de las circunstancias desalentadoras, sigue luchando por la paz. En este contexto, el clamor por un alto el fuego y una resolución duradera se hace más urgente que nunca, mientras los ciudadanos de Ucrania anhelan un futuro en el que su vida no esté marcada por la guerra.
Fuente: ONU últimas noticias





