Ya con la cabeza fría, varias horas de descanso y la vuelta a la vida normal; me parece apropiado hacer una pequeña valoración personal de este 43 Sitges Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya del año 2010.
En materia estricta del Festival, en este año de crisis se ha mantenido el mismo presupuesto del año pasado (no se ha revelado cuánto es esto). Una buena noticia que se ha traducido en 62.000 entradas vendidas y un total de más de 105.000 espectadores, lo que indica un 3% de aumento respecto a la edición del 2009.
O sea, que el Festival goza de más buena salud que nunca a pesar de que la situación económica y social no es propicia a que sea así. Había una intención de educar a la juventud en el cine y en la forma de hacer cine, algo que creo que se ha conseguido. Se ha demostrado que a la gente (la mayoría joven) le gusta ir al cine a ver cine fantástico de terror, un género que llega en cuentagotas a los circuitos comerciales y que, si no vemos en Sitges, nos lo perdemos.
Vivir una película en el ambiente del Festival de Sitges es una experiencia completamente diferente a la de ir un cine normal. En Sitges se ríe, se aplaude, se abuchea e incluso se grita para convertir la proyección en una fiesta, un auténtico espectáculo que se vive en su máximo esplendor en las maratones de noche, incluso si las películas que se proyectan son malas por definición.
También destacaría el buen nivel del cine español que se ha visto en Sitges. Los ojos de Julia, Secuestrados y Carne de Neón han sido aplaudidas por la crítica y el público, de forma más o menos efusiva, pero sí al unísono. Al ver la calidad que ha demostrado el cine español, todavía son más las dudas de que tuviera que ser También la lluvia la preseleccionada española a los Oscars, pero bueno, la Academia sabrá.
Ahora bien, no todo ha sido una maravilla. El nivel del cine fantástico y de terror no goza de buena salud. El nivel de las películas de este año no ha sido para nada notable, muchas estaban bien, pero el cine de alto nivel se ha visto en cuentagotas. Personalmente me quedo con Rare Exports: A Christmas Tale, 13 Assassins, Kaboom, A woman, a gun and a noodle shop, I saw the devil, Monsters, Let me in, Secuestrados, The Perfect Host, Black Death, Dream Home y Rubber como películas subrayables. No obstante, imagino que muchos compañeros que hayan pasado 10 días ahí pensarán de otra forma, lo que deja claro que no ha habido ningún éxito unánime.
Históricos del género con quienes he tenido el placer de charlar, como Mick Garris, Joe Dante, Jan Harlan o Roger Corman; coinciden en que la factura de las películas es impecable, pero que suelen estar vacías de contenido y no tienen el espíritu de una buena historia. No hay más que ver como películas como The Last Exorcism o We are the night, con muy buenas maneras, se estropean hacia el final. Indiscutibles como John Carpenter (The Ward), Brad Anderson (Vanishing on the 7th Street), Takeshi Kitano (Outrage) o James Wan (Insidious), muy esperados, se han quedado a medio camino de hacer una gran película, algo que se traduce en decepción.
El fracaso mayúsculo del año ha sido, sin duda alguna, el 3D. Que se olviden de él para el año próximo porque sigue sin estar a la altura a nivel visual y, sobretodo, la película que hay detrás del efectismo es una mierda pinchada en un palo. Lo que comentaba con los compañeros: Si no vas a poner Piranha 3D, no lo pongas.
¿Y mi experiencia personal? Prácticamente inmejorable. Cada día disfrutando de ir al cine varias veces diarias, catando el ambiente, haciendo amigos, contactos, hablando con grandes cineastas, con actores, con personal de distribución, haciendo migas con la organización, de fiesta con famosos, etc. Es un gustazo estar rodeado por un ambiente de cine como el que ofrece Sitges, tan accesible con las personalidades que hasta te puedes tomar una cerveza con ellos y hablar tranquilamente.

En cifras de estos días de Festival: 2 horas de transporte público cada día, un par de litros de café, medio quilo de ensalada de arroz, una decena de cruasanes de Can Massó, 46 películas vistas, 30 artículos, 4 horas de sueño diarias de media, nuevos contactos, nuevos amigos y, en definitiva; una maravillosa experiencia que a mis 23 años agradezco porque creo que acreditado como prensa era de lo más joven que corría por allí, algo que me hace todavía más afortunado.
Y a vosotros nada, muchas gracias por vuestro seguimiento. Espero haberos trasladado lo que ha sido este Festival de Sitges 2010 a todos de la mejor forma posible, aunque os recomiendo que no os lo penséis dos veces en pasaros por allí el año próximo a disfrutar del mejor festival del mundo en este cine de género tan especial y que tan poco se prodiga.