El síndrome del edificio enfermo es un fenómeno que afecta a los ocupantes de ciertos edificios, especialmente aquellos que presentan deficiencias en su diseño, construcción o mantenimiento. Este síndrome se manifiesta a través de una serie de síntomas que incluyen problemas respiratorios, jaquecas, irritación de los ojos, la piel y las mucosas, así como trastornos del sueño. Aunque no se trata de una enfermedad reconocida oficialmente, su impacto en la salud de las personas que habitan estos espacios ha llevado a un creciente interés por parte de los expertos en salud pública y la construcción.
Los síntomas asociados con el síndrome del edificio enfermo suelen aparecer cuando las personas están en el interior del edificio y tienden a disminuir o desaparecer al salir. Las causas de este fenómeno son diversas y pueden incluir la mala calidad del aire interior, el uso de materiales de construcción tóxicos, la falta de ventilación adecuada, la acumulación de humedad y el crecimiento de moho y bacterias. Estas condiciones pueden generar una serie de compuestos orgánicos volátiles (COV) que son perjudiciales para la salud, estimulando reacciones alérgicas o irritaciones.
Los problemas respiratorios son particularmente comunes entre quienes viven o trabajan en estos entornos. La exposición continua a alérgenos y irritantes ambientales puede provocar la aparición de asma, tos crónica y otros trastornos respiratorios. Además, las jaquecas y la irritación de ojos y nariz son síntomas frecuentes relacionados con la mala calidad del aire, que a menudo se agravan en espacios mal ventilados.
Los trastornos del sueño también encuentran origen en este entorno adverso. La incomodidad provocada por los síntomas físicos, así como factores como el ruido ambiental y la falta de luz natural, contribuyen a una mala calidad del descanso. Esto, a su vez, puede tener un efecto en cadena que impacta el bienestar general y la productividad de los ocupantes.
Para combatir el síndrome del edificio enfermo, es fundamental que se realicen evaluaciones periódicas de la calidad del aire interior, así como auditorías de los sistemas de climatización y ventilación. La implementación de prácticas de mantenimiento adecuadas, la mejora de la ventilación y el uso de materiales no tóxicos en la construcción son pasos esenciales para prevenir estos problemas. Abordar estas cuestiones no solo implicará un beneficio para la salud de los ocupantes, sino que también contribuirá a crear ambientes más saludables y productivos en los espacios de trabajo y vivienda.





