Saltando de isla en isla

Cultura, costumbres y tradiciones.  

Noruega ha mantenido una fuerte tradición cultural que ha constituido su propia identidad. Esto puede apreciarse no sólo en museos y galerías de arte, sino también en el paisaje, además de la música y la literatura. Todo esto  se hace evidente en las islas que componen los archipiélagos de Lofoten y Vesteralen. Esta región llamada Nordland, ofrece una amplia gama de actividades, la mayoría relacionada con la vida al aire libre. Por ello, la naturaleza gira en torno a grandes variaciones, de la costa hasta las cimas de las montañas; de lugares habitados muy próximos unos a otros, a grandes extensiones deshabitadas: la densidad de población oscila de 6 a 10 habitantes/km2.

El patrimonio cultural de cada municipio llega a formar una amplia imagen del pueblo, su hábitat a través de 10.000 años de historia. Son piezas seleccionadas de una integridad cultural accesible para todos. Para el viajero que recorre esta zona del planeta, comprobará que es un viaje repleto de vivencias inolvidables. Los sentidos se agudizan ante unos parajes salvajes y hermosos, inimaginables para muchos. Una cultura rica en matices, costumbres y tradiciones ancestrales que, celosamente, han pasado de generación tras generación. Hay cabida tanto para la aventura como para la sorpresa, sólo hay que ir saltando de isla en isla.

Se puede disfrutar tanto del entorno natural, como admirar el arte de la ingeniería de los puentes, espectaculares, que unen a las islas como el de Stokmarknes en Hinnoya, el Saltstraumen, que cruza el estrecho de Saltfjord o el Gisundbrua en Senja, de 1.150 m. de longitud es el más largo de Europa sostenido por pilares; los túneles submarinos como el  Sloverfjord y de Rennfast,  entre otros. 

Me resultó curioso conocer cómo los artistas noruegos han sabido unir el arte y la naturaleza, considerada máximo exponente, con el llamado proyecto “El arte al aire libre en Nordland”. Se trata de una colección internacional de esculturas que está compuesto por 33 obras, cada una titulada. Esta exposición se inició entre 1.992-1.998, y participaron artistas de todo el mundo. Su colocación fue meticulosamente estudiada, y de forma permanente, a lo largo de la costa y sus poblaciones. Una impresionante galería de arte sin paredes ni techo, que ocupa una superficie, aproximada, de unos 40.000 km2. Entre los municipios que visité tuve la oportunidad de contemplar algunas de estas impresionantes obras escultóricas.

Existe un gran número de museos y exposiciones para elegir: museos al aire libre, pequeños museos especializados en un tema determinado, y otros instalados en edificios antiguos, actualmente restaurados. La mayoría son pequeñas superficies, pero interesantes por su contenido. También las galerías de arte ocupan un lugar importante por su número, donde se exhiben obras de pintores reconocidos o aquellos que se inician. Más adelante, destacaré algunas de las que visité durante mi viaje.

Otra parte de la cultura, muy importante, a tener en cuenta al viajar, es la comunicación entre los pueblos, intentar el intercambio de conocimientos es de lo más enriquecedor para una persona. En cuanto a los habitantes de estas lejanas tierras, me sorprendí gratamente, son amables y hospitalarios, sobre todo, el  correcto comportamiento que siempre mantienen y el respeto hacia la Naturaleza. Se esfuerzan para comunicarse con gente del exterior, pero la barrera del complicado idioma noruego y sus variantes se interpone, aunque como auxiliar, dominan el inglés.

Al igual que cada pueblo posee su Mitología, aunque su origen corresponde a los griegos que, hicieron las primeras recopilaciones de mitos; también los pueblos nórdicos cuentan con una Mitología rica en personajes, quizá menos humanos que los griegos pero, tal vez, más misteriosos. Entre los más destacados, Odín, el dios supremo de todas las cosas, su hijo Thor, el dios del trueno, y las vírgenes guerreras llamadas Las Valkirias.

Una de las criaturas mítica más conocida es el Troll, que ha sido adaptado tanto por la fantasía literaria noruega como internacional. Principalmente popularizado en los cuentos de hadas y leyendas, adaptando su personaje en diversas formas, además de los enanos, los gigantes, los monstruos y los elfos. El cuento escandinavo “El guiño de los tres chivos”, del autor Thorbjorn Egner, ha sido referencia a otras versiones. Pese a sus antiguas raíces, los relatos populares no se escribieron hasta el siglo XIX. En 1.852, siguiendo la estela de los Hermanos Grimm, se publicó la primera edición de los cuentos noruegos de Asbjornsen y Moe. Casi todos comienzan con la frase “Érase una vez…”  

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En la literatura clásica, por ejemplo, Shakespeare los introdujo en algunas de sus obras. En la época moderna igualmente han sido incorporados estos singulares seres, como en la obra de Michael Ende “La historia interminable”, y en las novelas de Tolkien “El señor de los anillos” y “Tierra Media”. Más reciente, aparecen en “Las Aventuras de Harry Potter” de J.K. Rowlin. 

Estas islas tienen mucho que ofrecer a quienes buscamos el contacto con la naturaleza, a la vez que, se conoce la diversidad de las costumbres, tradiciones y la historia de sus pueblos. Resulta difícil la elección ya que son muchas las ciudades, poblaciones y pequeñas aldeas que existen en los archipiélagos Lofoten y Vesteralen, un itinerario que necesita tiempo. Por ser tan complicado, dada la belleza y el encanto de cada lugar que visité, he seleccionado algunos, atrayentes por la cultura y datos curiosos que pueden suscitar interés. Muchos quedan atrás, pero no por ello dejan de ser importantes.

Una ruta de paisajes, silenciosos y en calma, que invitan a dejarse llevar. Descubrí que la esencia de las Lofoten y las Vesteralen era el mar, el gran protagonista que ofrece su misteriosa magia a los viajeros más aventureros. Coloco alas a la imaginación, y me convierto en una saltarina.

Con brío, tomo impulso logrando dar mi primer salto y… caigo en   Henningsvaer,  llamada la “Venecia de las Lofoten”. Es uno de los pueblos pesqueros más importantes de la región. Cuenta con una población de unas 700 personas. Un lugar que encandila,  elegido como refugio por pintores, bohemios y escritores. En  realidad, me pareció un remanso de paz en el confín de la tierra. Aquí visité  “La Casa de Lofoten”, un lugar popular para el turismo. Se exponen muestras de la cultura e historia de las islas, lo que me permitió entender mejor estas tierras y su gente. Además  contiene una pequeña pinacoteca de artistas que participaron en la vida  de la zona, en los siglos XIX y XX, así como cuadros del famoso pintor noruego Karl Erik Harr. En aquel momento, coincidía con una exposición de fotografías sobre los paisajes de las islas y de aves marinas.

Desde el aire puede contemplarse que todos los lugares son puertos pesqueros y cada uno es significativo en su importancia. Salto desde lo alto de un islote, y mis pies tocan tierra en  Kavelvag, una de las aldeas más antigua de las Lofoten. Su arquitectura es muy interesante, aquí se construyeron las primeras “Rorbu”, que mencioné en el  artículo “Naturaleza en el Ártico…” Su iglesia fue la primera que se construyó en el archipiélago, alrededor del año 1.103 por el rey Oystein. En torno a la plaza gira la vida del pueblo y el ambiente especial que crea el cercano puerto, semejante a un balcón sobre el inmenso mar. Otra joya de la arquitectura es la Iglesia de Vagen, popularmente conocida como la Catedral de Lofoten. Una construcción de madera, de color ocre y los tejados negros que resalta sobre las demás. Fue construida en 1.898, por lo que está considerada la más antigua de la isla.

La distancia es corta, sólo basta un saltito para llegar a Storvagan  que conserva la autenticidad de los lugares pequeños, la panorámica de las caprichosas casitas mirando al horizonte del mar. Otro pintor tiene aquí su Galería de Arte, Kaare Espolin (1.907-1.994) una colección única de este artista noruego que, de forma poética supo pintar y plasmar la cultura y la historia de su país. También exhibe su pequeña biblioteca. Me entusiasmó la visita al Acuario, cuenta con veintitrés tanquetas de distintos tamaños. Una gran variedad de peces de las regiones árticas, además de focas y nutrias.

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Interesante el Museo de Lofoten, se ha construido en torno a un antiguo edificio de un rico industrial. La construcción principal data de 1.815 y alberga varias colecciones. En las diferentes instalaciones se pueden contemplar cobertizos, barcos típicos, casas “rorbu” de los siglos XVIII y XIX y objetos de la época prehistórica y la Edad Media. Es más bien un centro cultural y didáctico para dar a conocer las costumbres y tradiciones de la zona.

Un salto más y mis pies se posan en Svolvaer, la capital de las Lofoten, encajonada en una bahía entre el mar y las montañas que la circundan. Una ciudad donde se puede gozar de sus galerías de arte, como la del pintor Dagfinn Bakker, situada cerca del muelle, que expone sus cuadros y de otros famosos artistas. La más conocida es la del noruego Gunnar Berg (1.864-1.893).  Aquí se exhibe la mayor colección que existe en toda Noruega y es permanente. Su obra maestra “Trollfjordslaget” (La batalla del Fiordo de Troll) es la joya de la colección. Un cuadro que me impresionó por su realismo. Se refleja la batalla que hubo en aquél lugar, en el invierno de 1.890 entre los propietarios de barcos a vapor y los pescadores del lugar.

Navegar entre las islas era como adentrarme en un mundo de nuevas experiencias. Algunas veces, no sabía si lo que estaba contemplando era real, o formaba parte de un sueño. La sensación que sentía podía compararse a la que, despacio, me adentraba en un cuadro y formaba parte del conjunto. Tal vez, la belleza depende del paisaje, o del espectador que la contempla. La fantasía es lo único que pone límites a las posibilidades.

Entre salto y salto, una parada en Borg para ver los descubrimientos arqueológicos realizados entre 1.983-1.989 que pusieron al descubierto hallazgos poco comunes: sus antiguos moradores los vikingos. Entre otros, una casa de 83 metros de largo, la mayor que se conoce de la Edad Vikinga.El Museo Vikingo se ha construido alrededor de una impresionante reproducción de la casa descubierta a escala normal, y el barco vikingo “Lofort”. Como curiosidad, merece la visita a  la iglesia de esta localidad que tiene su peculiaridad: la original arquitectura y excelente acústica. A menudo se celebran conciertos, es conocida como  “la iglesia de puertas abiertas”.  

Ya quedan pocos saltos que dar, y éste me lleva a Sortlan, en el archipiélago de Vesteralen. Conocida como “la ciudad azul”. En la breve parada que se hizo  en el camino bastó para conocerla En el centro del pequeño pueblo está situada la iglesia, construida en 1.901, aunque el viejo campanario es uno de los más antiguos que se conservan en Noruega. Su campana tiene una inscripción que data del año 1.476. Este es uno de los municipios que cuenta con una escultura titulada “El ojo del Océano”, que corresponde al proyecto “El arte al aire libre en Nortland”, consiste en dos formas básicas: un barco y una casa. Está colocada en la Plaza principal.

Después de abandonar Sortland, un pequeño brinco para realizar una breve visita a la Bahía de Sildpollent, restos de un antiguo e importante pueblo pesquero que guarda misteriosos secretos. Como curiosidad este lugar se menciona en diversos contextos en las novelas de Knut Hamsun, que fue Premio Nobel de Literatura en 1.920. 

Saltando entre las islas, escondido entre las curvas de la carretera aparece Nyksund, en las Vesteralen. Un pueblo de pescadores que es un auténtico paraíso perdido, que guarda una historia singular: fue abandonado y el por qué sigue siendo un misterio. Hace unos años, un grupo de personas con entusiasmo están rehabilitándolo con sus propios medios con vistas al turismo, debido a la situación privilegiada que tiene. Ya cuenta con cafeterías y alojamientos. Actualmente el censo es de unas 250 personas. Una breve parada para tomar café. Visita  corta  pero  inolvidable. 

Todos estos recuerdos de mi viaje los tuve que experimentar en aquellos momentos, clasificarlos sería más tarde para poder contarlos.

  • Además de los paisajes y toda la información facilitada, me ha llamado la atención la comunicación existente entre las islas o pueblos, precisamente por eso, por la dificultad que entraña la misma.
    Claro que la educación y la misma idiosincracia de sus habitantes debe ser especial.

  • Elisa I. Mellado

    Tal vez parezca complicada las redes de comunicación entre las islas, están tan bien estructuradas que todo funciona perfectamente coordinando via terrestre y marítima, por medio de los ferrys, para pasajeros y toda clase de vehículos. Algunos puentes y túneles submarinos hay que pagar peaje.