Roger Federer consiguió ayer alzarse con el último trofeo que le faltaba a sus vitrinas, desde hacía tres años tenía en la estantería el hueco para colocar el Roland Garros, porque de esta forma se coronaba como campeón en todos los grandes, y aunque la final no fue emocionante, aunque le faltó un rival de identidad, puesto que el sueco Robin Soderling no estuvo a la altura, las lágrimas que soltó el campeón suizo hizo emocionarse a más de uno, puesto que después del Open de Australia nadie pensaba que iba a sonreir de esa manera, y no entrará a la historia por conseguir los cuatro grandes en un mismo año, pero la espina de no ganar en la tierra francesa ya se la ha quitado, dejándose como único objetivo superar al mítico Pete Sampras y sus catorce Grand Slams, de momento ya los ha igualado.
La afición francesa estuvo a la altura de la gran final, dejando a un lado toda la polémica sobre sus gritos y su forma de animar, y por supuesto sin ningún francés en la pista, los espectadores ovacionaron a unos y otros, aunque les faltó algo de final, ya que en tres sets, los cuales no tuvieron mucha historia, el suizo levantó el trofeo de Roland Garros.