Una reciente investigación en el ámbito de la ciencia de materiales ha puesto de manifiesto la existencia de metamateriales naturales, desafiando la creencia de que estas estructuras complejas eran exclusivas de la tecnología humana. Los metamateriales son sistemas cuyas propiedades no se derivan de los materiales empleados en su fabricación, sino de la organización interna de los mismos, permitiendo comportamientos únicos y específicos.
Un avance notable en este campo son los metamateriales programables, que pueden adaptarse a una forma tridimensional específica cuando se requiere. Un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications ha revelado que este tipo de metamateriales ha estado presente en la naturaleza durante millones de años. El descubrimiento se centra en el ojo de la mosca Drosophila melanogaster, un organismo modelo en biología que comparte una considerable cantidad de genes con los humanos.
Durante su desarrollo, el ojo de la mosca presenta una malla de células organizadas en triángulos de tamaños variables. Esta particular disposición actúa como un metamaterial programable. Al aplicar presión hidrostática a la malla, similar a inflar un globo, el tejido adopta la curvatura tridimensional necesaria para proporcionar una visión adecuada en la mosca adulta. El hallazgo ha impresionado a los investigadores, quienes destacan cómo la biología utiliza principios de ingeniería avanzada para formar órganos.
Juan Garrido García, primer autor del estudio, subraya la fascinación que provoca esta simbiosis entre biología e ingeniería, destacando que la naturaleza incorpora mecanismos que los humanos apenas están comenzando a comprender y replicar. Los investigadores también han observado que la estructura del ojo de la mosca tiene un diseño bidimensional que determina su forma final en tres dimensiones, optimizando así la agudeza visual en diferentes zonas.
El descubrimiento no solo tiene implicaciones biológicas, sino que también allana el camino hacia la morfogénesis sintética. Al comprender cómo la naturaleza programa la forma de un tejido sin la necesidad de moldes rígidos, los científicos podrían diseñar «tejidos vivos programables». Esta innovación podría revolucionar la bioingeniería, permitiendo la creación de órganos artificiales que, al ser implantados, se desarrollen en formas precisas, eliminando la dependencia de materiales no biológicos.
Fuente: Agencia Sinc


