Este es el dicho de siempre pero hay multitud de situaciones donde parece un problema qué libros llevarte: un fin de semana fuera, un puente, unas vacaciones, una beca a otro país, un traslado para cuidar a un enfermo, una mudanza etc…
En el más fácil de estos casos a mí me lleva un tiempo decidirme. Al final suelo coger el que más me aporta sobre lo que estoy escribiendo en ese momento, otro de términos de consultas y cuando me estoy embalando me digo: vamos a ver, ¿no te vas para relajarte?.
Sólo entonces cojo una o dos novelas, a ser posible de dos autores extremos, por ejemplo, dos que tengo a medio leer: “Persuasión” de Jane Austen y “Las intermitencias de la muerte” de Saramago.
¿Qué decir de este último autor que no sepa nadie?. Lo que más me llamó la atención de él es la edad en que fue reconocido como escritor y dónde ha llegado con sus 85 años recién cumplidos. Es cierto que cuesta a veces leerlo, sobre todo por las licencias que se toma en la escritura y la espesura de su prosa, sin embargo, hay que reconocer que consigue introducirte en su mundo, a veces claustrofóbico, como en “Ensayo sobre la ceguera” y “El hombre duplicado”, pero otras, irónico y divertido, como en el libro Las intermitencias de la muerte por contradictorio que parezca.
Y por si fuera poco, antes de cerrar la bolsa, no quiero que me falte un libro de relatos: “Ochenta y seis cuentos” de Quim Monzó …, por si no dispongo de mucho tiempo seguido para terminar la novela.
En serio, este autor me gusta especialmente. Como Nabokov, Monzó posee el virtuosismo que le permite jugar con las palabras. No para de tener ideas, de inventar nuevas situaciones para divertirse, divirtiéndonos. Y si no queréis cargar con los 86, tiene otros más cortitos en el libro “El porqué de las cosas”, que, seguro, no os defraudará.
Y van cinco, los mismos que vuelven a veces sin tocar pero si no los llevo…, siento que voy desnuda. Y ahora dime ¿cuáles son los tuyos?.