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¿Por qué escribes?

¿Por qué escribes? 3Esta es una de las preguntas más reiterativas que suelen hacerle a los escritores en las entrevistas. “Pregúntale a un manzano por qué da manzanas” zanjó la cuestión António Lobo Antunes en una ocasión ante la pregunta.

Pero una cosa es escribir por vocación y otra cuando te sientes obligado a hacerlo, aunque la vocación no haya desaparecido.

¿Por qué algunos escritores dejan repentinamente este oficio? ¿Qué razones podrían hacerlos perder su vocación? ¿Qué motivo los puede llevar a un silencio total?

¿Por qué no escribes? Sería mejor preguntar.

Juan Rulfo, un escritor al que admiro, al ser preguntado dijo: «Pues porque se me murió el tío Celerino, que era el que me contaba las historias».

Una excusa que en  algunos escritores puede tener algo de cierto: tener algo, pero algo interesante que contar. No siempre se tiene una buena historia que contar, ni tampoco se es tan genial como Rulfo para escribir un “Pedro Paramo”.

El francés Arthur Rimbaud, decidió cortar todo nexo con la literatura tras su segunda publicación, cuando tenía sólo diecinueve años, según cuenta Enrique Vila-Matas en su obra “Bartleby y compañía. En “Adieu”, texto incluido en su célebre obra “Una temporada en el infierno” (1873), el poeta maldito deja entrever su condición de escritor desterrado: “He intentado inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevas lenguas. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y ya veis! ¡Debo enterrar mi imaginación y mis recuerdos! Una hermosa gloria de artista y de narrador arrebatada”.

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Hace algunos años le escuché decir a un joven escritor que para escribir era necesario haber vivido, tener experiencias. A él no le hicieron falta, o quizás sí, y las que cuenta son las propias de su generación.

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Otro, también joven, necesitó introducirse en los mundos que quería relatar y ha viajado por todos ellos. Documentándose directamente de las vivencias de personas del lugar y en las Universidades por donde pasaba.

Preguntado Antonio Muñoz Molina en una entrevista a raíz de su último libro “La noche de los tiempos” si considera la escritura un acto placentero o doloroso, contestó:

Hay momentos en que es un placer extraordinario y hay otros en que puede ser angustioso. Pero no hay que hacerse la víctima. Cuando era niño, los hombres mayores me decían -cuando seas grande, búscate un trabajo que sea bajo techado-. Este lo es y lo haces porque quieres”.

Y ahí es donde creo que radica la cuestión: en la libertad que tiene, sobre todo, el que lo hace por mera afición y que no está en los circuitos del libro. Porque la propia vocación de escribir también pasa por la desgana.

Por ejemplo en este blog. Empezamos muchos con ganas y ahora las personas que quedamos, a veces, nos da apuro estar tan presentes ante el vacío de los demás y nos privamos de poner la columna semanal, con la que nos comprometimos, para no salir tanto “en la foto”.

Fuente: http://www.letraslibres.com/index.php?art=10773

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