Agatha Christie: Misterios y asesinatos

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No tengo claro por qué me gustan tanto las novelas y/o series de misterios y asesinatos. A lo mejor es la inconsciente necesidad de aligerar la monotonía de mi vida cotidiana.

Pienso que dentro de ese género evidentemente hay clases. No puedo opinar sobre los guionistas de las series televisivas porque los desconozco. En general las encuentro enrevesadas, llenas de violencia y el argumento, resuelto en a penas 40 minutos, no suele ser relevante.

Quiero reivindicar el valor de la novela policíaca propiamente dicha y como autora estrella la inefable Agatha Christie. Poseo la colección completa de sus obras y aunque reconozco que el esquema básico de muchas de ellas se repite, me descubro ante el estudio psicológico que hace de sus personajes. Es realmente lo que hoy llamaríamos un auténtico «perfil» del asesino o de la víctima.

Leyendo «El pudding de Navidad«, «El asesinato de Roger Acroyd», «El tren de las 4:50«, u otras tantas, nos metemos de lleno en la sociedad inglesa de principios del siglo veinte, en sus costumbres victorianas o en la vida , al parecer plácida, de cualquier pueblecito de la campiña.

El detective Hercules Poirot, es un ejemplo de creación literaria. Un individuo con la cabeza en forma de huevo, de largos bigotes puntiagudos, engominados siempre con las puntas hacia arriba, del que sabemos que es un expolicía belga refugiado en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, pero no su edad. Nos lo pinta como atemporal, protestón empedernido de las costumbres de los ingleses, sobre todo de la afición por el té y que usa, para averiguar quién es el asesino de turno, nada más que su inteligencia. Los peculiares interrogatorios a los sospechosos, el establecer y desbaratar coartadas haciendo funcionar «las pequeñas células grises«, como él llama a su poder deductivo e imaginativo, son sus armas preferidas: Orden y método es su lema. Ejemplo máximo de ello lo tenemos en Asesinato en el Oriente Expres, o en Diez negritos.

Una viejecita charlatana, inofensiva, que vive en el pueblo de Saint Mary Mead, que colaborando con el inspector Japp, generalmente de forma impredecible y fortuita, es otra de las protagonistas de las novelas de Agatha Christie: la Señorita Marple, que aparece en El espejo se rajó de parte a parte, Muerte en la vicaría, Un cadáver en la biblioteca y en otras muchas más. Es una delicia seguir los extraños razonamientos de la anciana, que le llevan a averiguar la verdad del crimen por comparación con situaciones cotidianas, pequeños dramas pueblerinos, acaecidos en su vida.

Otras obras no tienen como protagonistas ni a Poirot ni a Miss Marple, como es el caso de Testigo de Cargo, que tan magistralmente fue interpretada en el cine por Marlene Dietrich y Tyrone Power,todo un prodigio de enmascaramiento de la verdad para conseguir el fin deseado.

Posiblemente la maestra del género policíaco está un tanto anticuada en su modo de narrar, plantear y resolver situaciones. Pero no cabe duda de que siempre resulta interesante y divertida. La ironía forma parte de su narrativa como contrapunto a la crudeza de los asesinatos. Los métodos para matar suelen ser: veneno, estrangulamiento, puñaladas, raramente disparos. Los motivos los de siempre:dinero, celos, secretos sucios de familia, venganzas. Y aunque parezca extraño, en las novelas de Agatha Christie no hay violencia gratuita, ni sexo, ni terror. Es misterio puro y duro. Es leer con afán un montón de páginas para llegar a saber que es lo que ha ocurrido realmente.

Para mí es una forma de combatir el aburrimiento. Si estoy cansada de «profundidades y seriedad» y necesito relax , cojo una de las 80 novelas que tengo (algunas compradas en os años 60) y se acabaron las complicaciones. Posiblemente a los más jóvenes les resultará pesada su lectura, ya digo que no es una narrativa al uso, pero en cualquier caso les invito a coger una de ellas y probar su sabor, ya hoy día, nostálgico.