Dicen que lo bueno, si es breve, es dos veces bueno. Y lo mismo puede aplicarse a la Literatura. Y es que el género del microrrelato, a pesar de ser algo muy antiguo, está tomando bastante protagonismo en los últimos tiempos.

Se trata de relatos cortos, muy, muy breves que cuentan una historia cerrada y llena de matices. Pueden ser de una línea o de varios párrafos, aunque cada vez se tiende más a la brevedad. Incluso en ocasiones, el título forma parte de la narración y se hace imprescindible para entender la historia completa.

La temática es variada y puede tocar cualquier género, desde el cuento hasta el drama, pasando incluso por el teatro. Algunos autores de teatro, como Alfonso Zurro, han demostrado que también se pueden hacer micro-obras de teatro llenas de sentido y dramatismo. También se considera un género a caballo entre la prosa y la poesía, ya que algunos autores llegan a hacer ejercicios de prosa poética en los microrrelatos. Por eso es muy difícil centrarlo en un estilo concreto.

Suelen tener, eso sí, un final impresionante que deja al lector impactado, al contrario que, por ejemplo, los cuentos o relatos breves, que mantienen una cadencia normal. El microrrelato hace que el lector complete, con su imaginación, todo lo que le falta al relato. Uno de los más famosos es aquel que escribió Augusto Monterroso y que tanto ha dado de qué hablar:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

 

Otro ejemplo de microrrelato, el más corto escrito en lengua castellana, es el llamado El emigrante, de Luis Felipe Lomelí:

– ¿Olvida usted algo? – ¡Ojalá!

Como puedes ver, es un tipo de literatura que va más allá de un par de frases juntas. Porque para escribir este tipo de composiciones, lo escritores tienen que dominar la palabra para contar, de manera concisa y clara, todo un universo.

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