Mi mejor amigo

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Voy a hablar sobre mi gran amigo, el libro, por el que siento verdadero cariño y respeto. Pero no del contenido que esconde entre sus páginas, sino de ése que para mí no tiene título ni autor. El que define el Diccionario como:» Conjunto de hojas o pliegos escritos o impresos y encuadernados en un mismo volumen».

Me encanta contemplar mis libros estoy orgullosa de todos ellos. Advierto que no sólo los tengo ahí para verlos. También disfruto al leerlos, me fascinan; algunos hasta releerlos me resulta placentero. Para mí es como si fueran seres vivos, y así los trato.

Me sitúo delante de las estanterías de casa: observo cómo están colocados: unos en vertical; otros en horizontal, a veces inclinados, uno encima de otro, todos ahí, apretaditos. Algunos, lo más atrevidos, sobresalen a los demás en altura.

Al azar, escojo uno. Lo sostengo entre mis manos, le doy vueltas. Me gusta manosearlos, acariciar sus portadas de cartón. Lo abro por cualquier página, una y otra vez. Siento la calidez de sus hojas. Con suavidad paso mi mano por ellas. Imagino que, en su silencio, me dice: «Léeme otra vez«. Me detengo y lo hago: leo algunos de sus párrafos. Por mi mente pasan los momentos que disfruté con su lectura.

El libro sí que es un buen amigo. Cuánto aprendemos a través de él. Sin embargo, es tan humilde que tan sólo te pide a cambio que lo coloques … ¡siempre a mano!