‘Malditos Bastardos’, las licencias del talento

Que Tarantino haga una película ya de por sí es una gran noticia, ya que promete siempre algo nuevo y tremendamente entretenido. Para esta nueva obra, el bueno de Quentin retrocede hasta la Segunda Guerra Mundial para contarnos una nueva historia de nazis, la enésima sobre este tema que llega a la gran pantalla y sin duda una de las más originales y retorcidas.

Lo bueno es que da igual la veracidad de la historia y lo descabellados que sean algunos personajes, Tarantino tiene una historia en mente y la cuenta sin tapujos, como él quiere, porque no nos engañemos; el tío tiene un talento enorme y sabe manejar a la perfección el material con el que trabaja para hacer llegar al público lo que su cerebro enfermo ha imaginado.

De hecho, Tarantino logra que (por primera vez) las pobres víctimas parezcan los nazis, por aquello de que el mal genera un mal peor y luego se gira en tu contra. Los nazis no son tan malos aquí, parecen más humanos, más estúpidos, más sensibles o, simplemente, una caricatura (sino no sabría cómo definir los Hitler y Goebbels que aparecen en la película).

El Teniente Aldo Raine, Brad Pitt en plan 'motherfucker'
El Teniente Aldo Raine, Brad Pitt en plan 'motherfucker'

De hecho, no se salva ni el Coronel Hans Landa (Christopher Waltz), un personaje que apunta a memorable pero que se convierte en el tonto del pueblo en cuestión dos minutos (aunque esto no quita que Waltz apunte a nominación al Oscar).

Así pues, Malditos Bastardos es más un divertidísimo entretenimiento que una película. Me explico. En ningún momento Tarantino se esfuerza en desarrollar una historia, lo que hace es montar situaciones, larguísimas escenas, con los personajes que presenta al principio y rematarlo todo en un desparrame final de los que marcan época. Todo es muy pulp, vamos.

Y digo que no es una película, porque no puede llamarse Malditos Bastardos un film en el que, precisamente, sobran los bastardos. Tarantino jamás se preocupa de desarrollar los orígenes y los quehaceres de dichos bastardos, ya que se centra más (sin la suficiente profundidad, además) en la venganza de Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent), cuya família fue brutalmente asesinada por los nazis. Ambos quieren lo mismo y si no tienen relación, que no la tienen, uno sobra.

De todas formas, eso, que Tarantino es un virtuoso de este arte, lo disfruta y nos hace disfrutar al resto. Que siga con sus locuras, pues.

"Nein, nein, nein, nein, nein!!"
"Nein, nein, nein, nein, nein!!"
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